¿Es bíblico tener apóstoles hoy? Por: Juan Stam
Para enfocar este tema, es necesario primero analizar los diferentes usos de la palabra griega apostolos. El término se deriva del verbo apostellô, que significa simplemente "enviar". Por eso, (1) el sentido más general de apostolos, como en Juan 13:16, es cualquier persona enviada en cualquier misión (recadero, mandadero). Un aspecto más específico de este sentido (2) ocurre en 2 Cor 8:23 y Fil 2:25 cuando mencionan "los mensajeros de las iglesias" (apostoloi ekkêsiôn), como delegados comisionados por las congregaciones para alguna tarea. En tercer lugar (3), la palabra significa "misionero", que es el equivalente en latín (del verbo mitto, misi, "enviar"). En este sentido Jesucristo es el "misionero" enviado por Dios (Heb 3:1). Como veremos más adelante, Cristo no era "apóstol" en el mismo sentido que los doce, sino como "enviado" y "misionero" del Padre y prototipo de la misión de la iglesia (Jn 20:21; Mr. 9:37; Mt 10:40; Jn 13.20: Jesús es el Enviado del Padre). El cuarto sentido (4) es lo que generalmente entendemos por "los apóstoles", como Pedro, Pablo y los demás. En ese aspecto, el término podría llamarse un título, de una primacía en cierto sentido jerárquica.[1]
Dados estos diversos sentidos de la palabra "apóstol", es necesario en cada texto bíblico determinar cuál de ellos se está empleando. Serios problemas resultan cuando se confunde un sentido con otro. Los "apóstoles" de hoy toman pasajes donde el término significa "misionero" pero los aplican en el otro sentido y quieren atribuirse los títulos y autoridades de los doce y de Pablo. La iglesia católica hace algo parecido con su " sucesión apostólica" a través de los siglos. Según el Nuevo Testamento, los apóstoles no tienen sucesores.
El trasfondo judío: El apostolado del Nuevo Testamento se basó en una práctica judía de designar un emisario, llamado ShaLiaJ, con plenos poderes para representar a quien lo había enviado (Esd 7:14; Dn 5:24; cf 2 Cron 17:7-9). El ShaLiaJ era una especie de plenipotenciario ad hoc. Eran comunes las fórmulas legales como "el que te recibe a tí me recibe a mi", "lo que ustedes atan en mi nombre lo he atado yo" y muchos otros parecidos, que aparecen también en el Nuevo Testamento (Mr 9:37; Mt 16:19; Lc 10:16; Jn 13:20; 20:23). La comisión del ShaLiaJ era para una tarea específica y no era transferible a otras personas.
El paradigma definitivo, Hechos 1: Después de suicidarse Judas, los discípulos sentían la necesidad de completar el número doce, como paralelo con las doce tribus de Israel. Con ese fin, guiados por el Espíritu Santo, definieron los requisitos indispensables para incorporarse en el apostolado. La elección se limitó a "hombres que han estado juntos con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesús entraba y salía entre nosotros, comenzando desde el bautismo de Juan hasta el día en que entre nosotros fue recibido arriba" para que "uno sea hecho testigo con nosotros, de su resurrección" (Hech 1:21). Además, la selección fue hecha por Cristo mismo (1:24; cf. 1:2). Veremos en seguida que todas estas mismas condiciones se aplican al caso de Pablo.
Ese texto, y otros, muestran que para ser apóstol en el mismo sentido que los doce y Pablo, era requisito indispensable haber sido testigo ocular y presencial del ministerio de Jesús (Hechos 1:21-22; cf. 1 Jn 1:1-4) y de su resurrección (Hch 10:40-42; 1Co 15). Por supuesto, tal cosa sería imposible después de morir los contemporáneos de Jesús. La iglesia ahora es "apostólica" cuando es fiel al testimonio de ellos, que tenemos en el Nuevo Testamento, y cumple así su "apostolado" misionero. Sobre el fundamento de ellos Cristo sigue construyendo la iglesia (Efes 2:20).
Es importante reconocer que esta sustitución de Judas por Matías es el único reemplazo de un apóstol, precisamente para completar el número de doce. Matías no era sucesor de Judas sino su reemplazo. Después, al morir los doce y Pablo, ni el Nuevo Testamento ni la historia de la iglesia narra la elección de algún sucesor de alguno de ellos. Al morir el apóstol Jacobo, nadie le sucedió o reemplazó (Hech 12:2). El grupo quedó cerrado, como es evidente en Apocalipsis 21:14. Obviamente, en esas puertas de la Nueva Jerusalén no aparecerá el nombre de ninguno de nuestros apóstoles de hoy.
Toda esta evidencia bíblica deja muy claro que para ser apóstol, el candidato tenía que ser alguien del primer siglo. Nadie después del primer siglo podría haber sido testigo presencial del ministerio de Jesús y de su resurrección. Ese requisito descalifica de antemano a todos nuestros "apóstoles" de nuestros tiempos modernos.
El apóstol Pablo: El apostolado de Pablo fue severamente cuestionado, precisamente porque él no había sido uno de los discípulos, como requiere Hechos 1, aunque sí era contemporáneo de Jesús y sin duda testigo de su ministerio.[2] Repetidas veces Pablo tiene que defender su llamado de apóstol, pero lo significativo es que lo defiende en los mismos términos básicos de Hechos 1: él también había visto al Resucitado (1 Cor 9:1; 1Cor 15), fue nombrado apóstol no por hombres sino por el mismo Cristo (Gal 1:1,15-17,19; cf. 1 Tim 1:1; 2:7), y él, igual que los doce, había realizado las señales de apóstol y la predicación del evangelio (2 Cor 12:12; cf. Rom 15:18-19). En 1 Corintios 9:1-6 Pablo se defiende contra los que negaban que él era apóstol:
¿No soy apóstol?
¿No soy libre?
¿No he visto a Jesús el Señor nuestro?
¿No sois vosotros mi obra en el Señor?
Si para otros no soy apóstol, para vosotros ciertamente lo soy;
porque el sello de mi apostolado sois vosotros en el Señor.
A continuación, Pablo responde a los que le acusan, afirmando que él tiene los mismos derechos de todos los apóstoles (9:3-6; cf. 2 Cor 11:5,13; 12:11s).
En este contexto, 1 Corintios 15 es especialmente importante. En este pasaje Pablo afirma vigorosamente la fe en la resurrección (15:1-8, 12-58) pero también, menos conspicuamente, defiende su propio apostolado (15:8-11). Después de definir el evangelio como la muerte, sepultura y resurrección de Cristo (15:1-4), Pablo enumera una lista de los que podríamos llamar "los testigos autorizados de la resurrección" (15:5-8): Céfas, los doce, más de quinientos hermanos, Jacob, después todos los apóstoles y al final Pablo mismo. Por eso, de las varias personas que el Nuevo Testamento llama apóstoles, sabemos que tenían que haber sido testigos presenciales de la resurrección.
Está claro que en este pasaje Pablo no está hablando sólo de visiones espirituales, como tuvo él mismo (2 Cor 12) y que tuvieron Esteban (Hech 7) o Juan (Apoc 4-5), que no podrían servir como evidencias de la resurrección corporal de Jesús. El verbo repetido en estos versículos de 1 Cor 15 es "apareció", y el sujeto activo es el Resucitado (cf. Gál 1:16). Eran visitaciones del Señor, apariciones por iniciativa de él, para demostrar la realidad de su resurrección. Se trata de revelaciones corporales como las de Cristo durante los cuarenta días, que constituyeron a sus receptores en testigos oculares del hecho. En ese sentido, Pablo reconoce que su propio caso es una anomalía, pues aunque era contemporáneo de Jesús, no había sido discípulo ni había estado presente con los discípulos durante los cuarenta días. Sin embargo, insiste en que su encuentro con Cristo en el camino a Damasco pertenecía a la misma serie de visitaciones especiales. Por otra parte, Pablo afirma que su encuentro con el Resucitado fue la última de la serie (15:8; cf. 1 Cor 4:9), sin posibilidad de otras. Para mayor énfasis, Pablo afirma que Cristo lo llamó al apostolado no sólo de último sino "como un abortivo" (Gr. ektrômati), una excepción. Pablo era un apóstol "nacido fuera del tiempo normal". No puede haber otros apóstoles después de él.
Otros apóstoles: Este pasaje habla de "todos los apóstoles", además de los doce (1 Cor 15:7), pero todos ellos eran también testigos oculares de la resurrección. En cambio, de líderes que sabemos que no habían participado en esa experiencia, como Apolos y Timoteo, el Nuevo Testamente nunca los llama "apóstol". No podían ser apóstoles sin haber visto al Resucitado (y no sólo en visión mística). Por eso, de todas las demás personas llamadas "apóstol" podemos estar seguros de que habían sido testigos oculares del Resucitado o si no, eran apostoloi sólo en el sentido de "misioneros" o de "delegados congregacionales".
Es muy significativo que tanto los doce como Pablo aplican los mismos requisitos básicos para el apostolado: sólo pueden ser apóstoles los que habían visto al Cristo en su cuerpo resucitado y habían sido comisionados personalmente por él para ser testigos de su vida y resurrección. De estos, el último fue el apóstol Pablo. Los apóstoles cumplieron una función histórica. Obviamente, nadie que no sea del primer siglo puede ser testigo ocular de lo que nunca presenció.
Efesios 4:11: Frente a estas enseñanzas bíblicas muy claras, el mal llamado "movimiento apostólico" apela, sin interpretación cuidadosa, a unos pocos textos. El versículo principal es Efesios 4:11, tomado fuera de contexto. El pasaje completo es una cita modificada del Salmo 68:18 con introducción y conclusión:
Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia
conforme a la medida del don de Cristo.
Por lo cual dice:
Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad,
y dio dones a los hombres.
Y eso de que subió, ¿qué es, sino que también había descendido primero
a las partes más bajas de la tierra?
El que descendió, es el mismo que también subió
por encima de todos los cielos para llenarlo todo.
Y él mismo constituyó a unos, apóstoles;
a otros, profetas;
a otros, evangelistas;
a otros, pastores y maestros.
El tema de Efesios 4:7-16 es la unidad de la iglesia con su diversidad de dones, todo orientado hacia el crecimiento del cuerpo (4:13-16). Pablo introduce este tema con una cita del Salmo 68, uno de los salmos más difíciles y con complicados problemas textuales. Pero el tema central de ese salmo está claro: Dios es un poderoso guerrero (68:35) que en diversos momentos ha descendido a la tierra para liberar a su pueblo (68:11-14,20-21) y después de su triunfo, sube al monte Sión (o al cielo) llevando cautivos (68:15-18,24,29,35) y reparte el botín entre su pueblo (68:12,18). Pablo adapta la cita en varias formas, especialmente cambiando "tomaste dones" (Sal. 68:18) en "dio dones" (Ef 4:8), para aplicar la cita a la ascensión de Cristo y la venida del Espíritu con sus dones. Al volver al cielo, el Cristo vencedor repartió el botín entre su pueblo. El énfasis cae sobre la ascensión de Cristo, el momento histórico-salvífico en que el Resucitado victorioso envió el Espíritu como botín de su triunfo.
El verbo "constituyó" (4:11, edôken, "dio") es un pretérito punctiliar, que describe algo que Cristo hizo cuando ascendió, conforme también al modelo del Salmo 68. No dice absolutamente nada sobre el futuro, si Cristo seguiría dando apóstoles a la iglesia, hasta su segunda venida, como podrían haber sugerido otros tiempos verbales. Como comenta I. Howard Marshall en el Comentario Bíblico Eerdmans (p.1389), "Puesto que esta carta vino de una época cuando estaban funcionando apóstoles y profetas, es imposible sacar alguna conclusión desde este pasaje sobre su continuación o no en la iglesia después".
De otros pasajes, como hemos visto, queda evidente que el apostolado no puede haber continuado después de morir los últimos testigos presenciales. En cambio, otros pasajes dejan claro que el don de profecía (y la falsa profecía) continuarían en la iglesia. Al ascender, Cristo dio un don que era de una vez para siempre (apóstoles) y otro que había de seguir hasta su venida (profetas). El llamado apostólico corresponde en eso a su origen en el encargo de ShaLiaJ, que no era transmisible.
Por otra parte, Pablo habla en 2 Cor 11:13 de "falsos profetas (pseudapostoloi), obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo" (cf. Ap 2:2; Didajé 11:3-6) y, quizá sarcásticamente, de "superapóstoles" (tôn huperlian apostolôn, 2 Cor 11:5; 12:11, NVI).
Conclusión: Dos de los grandes vicios de la iglesia evangélica hoy son la sed de poder, prestigio y riqueza de algunos de nuestros líderes, y entre los fieles el culto, ciego y casi idolátrico, a las personalidades famosas. Hay mucha obsesión con títulos, oficios y el poder lucir y ser importante. Se emplean constantemente las técnicas de publicidad y promoción del mundo secular. Eso es totalmente contrario al espíritu de Jesucristo y del evangelio. Mucho más acertado es el viejo refrán, "al pie de la cruz, todos somos párvulos".
Hace unos años, en un foro sobre el tema de los apóstoles, alguien intervino para decir, "Antes era suficiente el título de pastor, pero ahora con las enormes megaiglesias, llamarlos pastor les queda muy corto." ¡Al contrario! Si el título "pastor" les queda corto para ellos, ellos se quedan demasiado cortos para el título de pastor.
[1] Debe mencionarse aquí que en Cuba el término tiene otros matices, dado el papel de José Martí como "el Apóstol" para todos los cubanos. En ese contexto, "apóstol" suele ser una expresión de cariño y respeto pero no de autoridad ni en parangón directa con los doce apóstoles.
[2] Cuando Pablo dice en 2 Cor 5:16 que antes conocía a Cristo según la carne pero ahora no, es obvio que no quiere decir que ignoraba la vida de Jesús. Más bien, está diciendo que antes conocía a Cristo según criterios carnales (kata sarx), pero que ahora como creyente no conoce a nadie según la carne, lo que significa en ambos casos que ya conoce a todos según el Espíritu.
viernes 10 de julio de 2009
jueves 25 de junio de 2009
Escándalo alrededor de la mesa

El compartir los alimentos, es un rasgo fundamental de la vida social, es un signo de la comunión, vinculado fuertemente con la celebración en diversas culturas. Los temas sobre las comidas, las casas y la hospitalidad, ocupan un lugar preferente en el tercer evangelio, no sólo en los discursos y parábolas, sino porque Jesús es presentado como invitado: la comida en casa de Leví (5,27-32); comida en la casa de Simón el fariseo (7,36-50), El encuentro con Zaqueo (19,1-10), entre otras.
Sin embargo, este disfrutar juntos se convertirá en escándalo público, ya que será motivo de provocación e indignación para grupos como los fariseos, autoridades sacerdotales y otros a quienes se les revolverá el estómago por la manera en que Jesús transgrede las convenciones sobre la participación de la mesa.
“No se puede comer con cualquiera…”
Esta sería la premisa que orienta la participación de la mesa, puesto que en el contexto judío sólo se compartía la mesa con quienes contaban con igualdad de condición. Los miembros de la élite no se relacionaban con gente que no conocían o con los que no eran de su mismo rango social, Invitar a alguno rango social inferior era exponerse al rechazo de sus pares, lo cual ponía en peligro la posición social, la fortuna y el honor de la familia.
El invitado principal se sentaba a la derecha del anfitrión y los otros invitados lo hacían en forma decreciente según el status social de cada uno. En suma las comidas y los banquetes reproducían el mismo sistema social, en ellas se consolidaban la posición social y la red de relaciones de los anfitriones[1]
Entonces, ¿Alguien estaría interesado en invitar a comer a los últimos que conformaban la pirámide social-religiosa: enfermos, pecadores, publicanos? Recordemos que la cuestión de la pureza está fuertemente vinculada. ¿Quién estaría dispuesto a contaminarse?
“Otra vez Jesús…”
En medio de esta marcada desigualdad, Jesús se comporta de manera escandalosa, en el caso de comer con publicanos, el escándalo consistía no en que tuviese trato con ellos, cosa que en la vida común era prácticamente inevitable, sino en el hecho de “comer” con ellos, en casa de ellos.
Las acusaciones no se hacían esperar: “¿Por qué coméis y bebéis con publicanos y pecadores? También incluían a sus discípulos: ¿Por qué los discípulos de Juan ayunan muchas veces y hacen oraciones, y asimismo de los fariseos pero los tuyos comen y beben?”. Al comer en casa de Zaqueo: “Al ver esto, todos murmuraban, diciendo que había entrado a posar con un hombre pecador”.
Mientras que Juan Bautista ayuna como expresión de su separación la sociedad, Jesús más bien se introduce en ella, participando de sus ritos de comida y bebida. Es acusado de ser “un comilón y a un borracho, amigo de publicanos y pecadores” y dicha acusación es muy grave porque es una expresión para designar a los apóstatas del pueblo, merecedores de lapidación (Dt.21, 20).[2]
“Del triángulo exclusivo al círculo inclusivo…”
El Reino de Dios comienza a realizarse en la persona y en la actividad de Jesús, puesto de manifiesto cuando los evangelios describen los signos liberadores realizados por él uno de ellos, las comidas en casa de pecadores y publicanos. Por eso, el Reino de Dios se compara reiteradamente con un gran banquete (14,16-24) en el que los puestos de honor se organizan de otra manera. Dejando en claro que no importan jerarquías, ni las “categorizaciones” de las personas.
En esta perspectiva las comidas no son episodios secundarios, sino que tienen gran importancia como sucesos inclusivos. En ellos se denota la alegría comunitaria de celebrar juntos comer y beber en un banquete.
Jesús promueve la reintegración alrededor de la mesa, expresa la plenitud de la salvación para todos: “Los que están sanos no tienen necesidad de médico”. Promueve el encuentro, son aquello para lo que ha venido: a buscar lo perdido, a recuperar el dracma o la oveja (Lc.15,4-10). Esto significa que sus comidas con los pecadores y publicanos estaban relacionadas con su misión.
“Una invitación para todos y todas…”
Como parte del sistema individualista, en el que se relaciones se tornan cada vez más utilitarias. También las iglesias se ven afectadas, a menudo los enfoques orientados a mantener el "status", figuras como pastores-gerentes o líderes ejecutivos van generando brechas profundas del "resto" de creyentes.
La comensalidad significa edificar una comunidad sobre valores radicalmente alternativos a los vigentes. La aceptación del reino se traduce necesariamente hospitalidad y apertura.[3] Necesitamos recordar que la amistad que ofreció Jesús es para atender a quienes no eran considerados merecedores de atención. La salvación también consiste en ofrecer un trato equitativo y digno. Invita a la inclusividad. De allí, una premisa para aplicar en nuestras relaciones interpersonales no sólo de modo individual, sino también colectivamente. Jesús fue reiterativo en este tema ¿Qué de nosotros y nosotras?
[1] Conti, Cristina; El amor como praxis; Revista de interpretación Bíblica Latinoamericana N° 44
[2] Aguirre Rafael; La mesa compartida; editorial Sal Terrae; p.71
[3] Idem; p.120
lunes 1 de junio de 2009
Encuentro por el día mundial del medio ambiente

El 5 de Junio se celebrará en Día Mundial del Medio Ambiente en todo el mundo, y la Municipalidad de Los Olivos, el Instituto Nueva Creación y la Red de Medio Ambiente Lima-Norte han organizado un encuentro denominado Tu planeta te necesita. Unidos contra el cambio climático. Dicho evento se realizará en la Plaza Municipal de Los Olivos.Como parte de dicho evento se presentará desde las 3 pm la exposición fotográfica El Clima Cambia, mi vida también, que muestra fotos y testimonios del impacto del cambio climático en el Perú. Muestra reproducida por el auspicio del Instituto Nueva Creación y el Movimiento Ciudadano frente al Cambio Climático (MOCICC), la misma que fue elaborada por el organismo alemán GTZ, el MINAM, SPDA y DED. El lema del Día Mundial del Medio Ambiente 2009 es: Tu planeta te necesita – Todos unidos contrar el cambio climático.
miércoles 22 de abril de 2009
Amor sin agresión
En referencia a la celebración del día de la tierra, hacemos un llamado a la reflexión, hermanos y hermanas considerémosla como un ser que tiene vida, que siente, que piensa; que por lo tanto debe ser respetada y protegida. Recordemos que es creación del Dios de la vida y que la puso en nuestras manos. ¿Estaremos conscientes de esa responsabilidad?Un lema ecologista dice:"Piensa globalmente, actúa localmente". Bien sería una de las premisas para aplicarla a la vida individual como cristianos y tambien a nivel colectivo, la iglesia.
Aqui algunas pautas para tenerlas presente: "Reducir, reutilizar, reciclar, rearborizar, rechazar (la propaganda exagerada), respetar y responsabilizarse: estas 7 erres nos ayudan a ser responsables frente a la escasez de bienes naturales, y son formas de reducir el dióxido de carbono y otros gases contaminantes de la atmósfera" (Leonardo Boff).
martes 7 de abril de 2009
De cueva de ladrones a Casa de Oración para todas las naciones
Estando cerca de los días de Semana Santa, tomaremos un suceso previo a la muerte de Jesús, “La purificación del templo”. Este importante evento describe la propuesta inclusiva de Jesús, la presentación de un nuevo orden de las cosas que no pudo ser tolerada por la élite religiosa de su tiempo. Claro, esta vez la acusación de Jesús toma una forma más escandalosa y a su vez sería el punto detonante por el se que puso en marcha el plan para “dar de baja” a un elemento que amenazaba los intereses de este grupo. La denuncia Jesús se dirige hacia:
El rostro corrupto del sistema religioso judío: “La Cueva de ladrones”
El templo de Jerusalén, símbolo visible, emblemático, representaba no sólo el centro religioso y cultual del judaísmo, sino también un poderoso centro económico y financiero al servicio de la casta sacerdotal. Los recursos provenían de las donaciones, de los impuestos, de la comercialización de las víctimas para los sacrificios, de la remisión de votos y promesas o de la administración de bienes inmobiliarios. Por ejemplo: a partir de los veinte años, todo israelita debía pagar anualmente el llamado impuesto del Templo. Recaudadores recibían este impuesto, no sólo en Israel, sino también en todo el mundo greco-romano. El Templo poseía su propia moneda, de ahí la necesidad de los cambistas
El Templo servía asimismo como gran granero para la acumulación de la producción de Israel. Todo labrador tenía que separar el 12 por ciento de su cosecha y crías para pagar el diezmo sacerdotal y la ofrenda, más un segundo diezmo para los pobres o como provisión depositada en el Templo. Esto sin olvidar que ellos mismos debían ofrecer sus sacrificios, para lo cual tenían que adquirir animales considerados sin mancha, y que únicamente eran vendidos en Jerusalén, principalmente en la explanada del Templo. [1]
La expiación de los pecados del pueblo, por medio del sacrificio, generaba no sólo una clientela económica cautiva, sino también una dependencia de la bendición que vendría del sacrificio realizado en el Templo. Justificando así el papel fundamental del sacerdocio y del culto como forma de dominación.
Pero también tenía una importancia política, ya que el sumo sacerdote presidía el sanedrín y era el jefe político de la sociedad judía, aunque sus atribuciones estaban restringidas por la autoridad imperial.
Como consecuencia, el templo era al mismo tiempo mercado y banco, sede de la autoridad política y espacio regulador de los símbolos religiosos, lugar de oración y recinto en el que se efectuaban toda clase de transacciones comerciales. Todos estos aspectos estaban entrelazados de manera que era imposible atacar el aspecto religioso sin vulnerar al mismo tiempo los manejos políticos y económicos que se efectuaban a la sombra del santuario.
La pureza exclusiva: “Se reserva el derecho de admisión”
Las leyes que determinan lo puro e impuro eran sumamente rigurosas; por mencionar algunos ejemplos diremos que aparte de los paganos considerados ya impuros; también quienes sufrían enfermedad alguna, se daba por sentado que era por consecuencia del pecado, por lo tanto otra de las categorías marginadas, sin acceso al templo.
Las mujeres, tenían un lugar especifico donde debían estar y a quienes atravesaban su ciclo menstrual se les restringía el acceso al templo, hasta que pasado esos días cumplan con un rito de purificación.
Los publicanos, considerados impuros, principalmente por su relación con los gentiles, frecuentemente se convertían en infractores de disposiciones legales. Además de eso, eran tenidos como traidores del pueblo de Israel. La clasificación publicanos y pecadores era un sinónimo.
En la parábola del fariseo y el publicano, ambos hombres suben a orar al templo, el primero de ellos, un orgulloso cumplidor religioso con su oración excluyente minimiza al publicano.
Además, de los que ejercían profesiones consideradas impuras, conforme a la clasificación encontrada en los diversos escritos rabínicos, los pobres e incultos también eran calificados de pecadores.
Esta visión deformada de entender la pureza, legitimaba un sistema de marginación que oprimía al pueblo, dando además la imagen de un Dios distante, exclusivo y fiscalizador.
La propuesta de un Jesús Inclusivo
Esta acción provocadora llevada a cabo en el atrio de los paganos, era una demostración de la cercanía del Reino de Dios y del movimiento de reunión promovida por Jesús. Al “limpiar” el templo de todo aquello que lo profanaba, Jesús proclama el reino de Dios esta cerca y reclama el atrio de los paganos para la adoración de todos los pueblos, un templo purificado y renovado. Para ello tuvo que chocar con el cerrado exclusivismo y los intereses de la casta sacerdotal.
Jesús apuntó a sacudir la inercia de los presentes para hacerles tomar conciencia del momento decisivo que estaban viviendo y de mostrar un gesto destinado a atraer la atención sobre los fines del verdadero culto: “Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones” (Mc. 11,17; Is 56,7).
El templo de Jerusalén, símbolo visible, emblemático, representaba no sólo el centro religioso y cultual del judaísmo, sino también un poderoso centro económico y financiero al servicio de la casta sacerdotal. Los recursos provenían de las donaciones, de los impuestos, de la comercialización de las víctimas para los sacrificios, de la remisión de votos y promesas o de la administración de bienes inmobiliarios. Por ejemplo: a partir de los veinte años, todo israelita debía pagar anualmente el llamado impuesto del Templo. Recaudadores recibían este impuesto, no sólo en Israel, sino también en todo el mundo greco-romano. El Templo poseía su propia moneda, de ahí la necesidad de los cambistas
El Templo servía asimismo como gran granero para la acumulación de la producción de Israel. Todo labrador tenía que separar el 12 por ciento de su cosecha y crías para pagar el diezmo sacerdotal y la ofrenda, más un segundo diezmo para los pobres o como provisión depositada en el Templo. Esto sin olvidar que ellos mismos debían ofrecer sus sacrificios, para lo cual tenían que adquirir animales considerados sin mancha, y que únicamente eran vendidos en Jerusalén, principalmente en la explanada del Templo. [1]
La expiación de los pecados del pueblo, por medio del sacrificio, generaba no sólo una clientela económica cautiva, sino también una dependencia de la bendición que vendría del sacrificio realizado en el Templo. Justificando así el papel fundamental del sacerdocio y del culto como forma de dominación.
Pero también tenía una importancia política, ya que el sumo sacerdote presidía el sanedrín y era el jefe político de la sociedad judía, aunque sus atribuciones estaban restringidas por la autoridad imperial.
Como consecuencia, el templo era al mismo tiempo mercado y banco, sede de la autoridad política y espacio regulador de los símbolos religiosos, lugar de oración y recinto en el que se efectuaban toda clase de transacciones comerciales. Todos estos aspectos estaban entrelazados de manera que era imposible atacar el aspecto religioso sin vulnerar al mismo tiempo los manejos políticos y económicos que se efectuaban a la sombra del santuario.
La pureza exclusiva: “Se reserva el derecho de admisión”
Las leyes que determinan lo puro e impuro eran sumamente rigurosas; por mencionar algunos ejemplos diremos que aparte de los paganos considerados ya impuros; también quienes sufrían enfermedad alguna, se daba por sentado que era por consecuencia del pecado, por lo tanto otra de las categorías marginadas, sin acceso al templo.
Las mujeres, tenían un lugar especifico donde debían estar y a quienes atravesaban su ciclo menstrual se les restringía el acceso al templo, hasta que pasado esos días cumplan con un rito de purificación.
Los publicanos, considerados impuros, principalmente por su relación con los gentiles, frecuentemente se convertían en infractores de disposiciones legales. Además de eso, eran tenidos como traidores del pueblo de Israel. La clasificación publicanos y pecadores era un sinónimo.
En la parábola del fariseo y el publicano, ambos hombres suben a orar al templo, el primero de ellos, un orgulloso cumplidor religioso con su oración excluyente minimiza al publicano.
Además, de los que ejercían profesiones consideradas impuras, conforme a la clasificación encontrada en los diversos escritos rabínicos, los pobres e incultos también eran calificados de pecadores.
Esta visión deformada de entender la pureza, legitimaba un sistema de marginación que oprimía al pueblo, dando además la imagen de un Dios distante, exclusivo y fiscalizador.
La propuesta de un Jesús Inclusivo
Esta acción provocadora llevada a cabo en el atrio de los paganos, era una demostración de la cercanía del Reino de Dios y del movimiento de reunión promovida por Jesús. Al “limpiar” el templo de todo aquello que lo profanaba, Jesús proclama el reino de Dios esta cerca y reclama el atrio de los paganos para la adoración de todos los pueblos, un templo purificado y renovado. Para ello tuvo que chocar con el cerrado exclusivismo y los intereses de la casta sacerdotal.
Jesús apuntó a sacudir la inercia de los presentes para hacerles tomar conciencia del momento decisivo que estaban viviendo y de mostrar un gesto destinado a atraer la atención sobre los fines del verdadero culto: “Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones” (Mc. 11,17; Is 56,7).
Algunas preguntas para reflexionar:
Cuando observamos las estructuras eclesiales ¿Cómo identificamos las prácticas que legitiman los intereses de grupos influyentes, así como aquellas que afirman la exclusión y marginación con justificaciones religiosas?
Cuando observamos las estructuras eclesiales ¿Cómo identificamos las prácticas que legitiman los intereses de grupos influyentes, así como aquellas que afirman la exclusión y marginación con justificaciones religiosas?
La propuesta de Jesús, vigente y pertinente, nos deja algunas pautas de acción. Por un lado, el hecho de promover una reflexión activa y seria que evite la miopía y evalúe los manejos o “movimientos” que se dan entre aquellos a quienes otorgamos poder y cómo las estructuras están al servicio de los y las creyentes y grupos desfavorecidos, no para que se sirvan de ellos y ellas.
Asimismo promover la equidad, sin creyentes de “primera, segunda o tercera categoría” acogiendo a todos y todas en una nueva comunidad, la comunidad del Reino.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)




