martes, 14 de agosto de 2012

Prensa escrita: Religión en el marco de las Fiestas Patrias 2012

En el marco de noticias que aparecieron en la semana previa y posterior a las fiestas patrias en Perú, aparecieron algunas noticias que me parecieron relevantes. Casi todas de materia religiosa. Pero un par quisieron pasar desapercibidas. Una de ellas es la noticia del reinicio de actividades de la Doe Run.

 Pero no fue la única noticia que malogró los ánimos festivos. Esta fue la que hizo que me fuera a trabajar sábado y domingo, por considerar que no había nada que celebrar.
La siguiente es la noticia más feliz que he leído en los últimos 26 años (tengo 26 años). Se trata de una noticia que personalmente me da esperanza. Siempre he visto el tema como una meta, un desafío que se debe cumplir DEFINITIVAMENTE. El que personas indigentes o vagabundos no pasen las noches en las calles. Desde descubrí en el pentateuco el texto relacionado con los "lugares de refugio" y posteriormente me topé con el trabajo humanitario de iglesias como el Ejército de Salvación, que precisamente brindan albergue a quienes no tienen donde guarecerse, pensé que no se puede tolerar el tener personas durmiendo en las calles. De modo que para mi, esta ha sido una noticia que merece la pena difundir.
Por otro lado, esta (en mi opinión) esta foto grafica muy bien a la pareja presidencial. Fue quizá la imagen más impactante del protocolo de fiestas patrias.

Pero las festividades por el aniversario patrio se vieron opacadas por el conflicto latente de CONGA. Ante esto, el Consejo Interreligioso del Perú - Religiones por la Paz, que es el máximo órgano que aglutina a máximos representantes de organizaciones basadas en la fe. Representantes de distintos credos de distintas confesiones conforman el Consejo Interreligioso del Perú. Estos organizaron lo que llamaron una "Cadena Interreligiosa de Oración por el Diálogo y la Paz". Dicha cadena de oración se realizó en el atrio de la Iglesia de San Francisco en el centro histórico de Lima, a las 6:00 pm. Contó con la presencia del Premier Juan Jimenes, antes ministro de justicia, que como primera acción al ser nombrado premier, fue participar de este acto religioso, para orar por el Perú. La ceremonia contó con la presencia de Mons. Salvador Piñeiro (Presidente de la Conferencia Episcopal Católica, y obispo de Ayacucho), Mons. William Godfrey (Obispo de la Iglesia Anglicana en el Perú), el Pastor Manuel Gutierrez (Pastor presidente de UNICEP), el Rabino Guillermo Bronstein, la Reverenda Oshiro (sacerdotisa de la comunidad budista Zen), Rosanna Pinedo (responsable del departamento de Asuntos Externos de la comunidad Bahai), demás miembros del Consejo Interreligioso y los facilitadores del proceso de Conga: el P. Gastón Garatea y Mons. Miguel Cabrejos.
 Pero lamentablemente aunque se tuvo una buena cobertura mediática de la prensa. Este evento se difundió mejor por radio y TV que por los medios impresos, quienes solo tomaron los datos que les interesó relevar. Testigo de ello son las fotos de las notas de prensa.
 En el ámbito religioso las tensiones entre la Universidad Católica PUCP y el Arzobispado de Lima, llegaron a su punto máximo de tensión. El dictamen desde Vaticano fue crucial.

 Y el cardenal Cipriani arremetió contra sus opositores, haciendo uso de su mejor podio político: LAS HOMILÍAS DE DOMINGO. El mensaje de la misa del Te Deum fue más un mensaje político, más parecido a un mensaje presidencial, que una homilía religiosa, ni mucho menos pastoral.



 A su vez, la versión evangélica del Te Deum, el llamado "Culto de Acción de Gracias" se reflejó en las noticias como "DESAIRE PRESIDENCIAL". Lo peor es que en la única nota medianamente extensa, en la que se hace mención de los organizadores, se le adjudica la autoría al "Concilio evangélico".
En mi opinión, esta fue la oportunidad en la que UNICEP y CONEP se podían acercar y sentar juntos en una mesa para decidir la visión de país que querían construir, pero en vez de eso lo que se tuvo fue un esperado acto litúrgico (casi circense) en el que Julio Rosas y los fujimoristas se dieron un baño de popularidad, soportaron un discurso evangelístico, algunos reclamos del superintendente nacional de las Asambleas de Dios del Perú, y hasta dieron una imagen pública de posicionamiento en "todo" el espectro evangélico.

 Aunque rescato la participación y buena voluntad del Premier Jimenez, me alegro que el presidente no participe de un acto motivado por divisionistas, y lamento la actitud del sector que organiza este evento en detrimento de las pocas oficialidades evangélicas que con tanto tiempo y esfuerzo se han construido en el Perú.


Algunas imágenes que me parecieron muy graciosas.

Anubis

jueves, 9 de agosto de 2012

Literatura Evangélica de Aniversario

Librería "El Inca" - 100 Años de Presencia Evangélica en la Sociedad Peruana

Por: Oscar Amat y León
Director del Instituto para la Misión Transformadora
oscar_amat@yahoo.com

Ayer tuve la oportunidad de asistir a la celebración que Librería "El Inca" organizó por sus 100º aniversario. Más allá de felicitar a los anfitriones por la amabilidad y la delicadeza de realizar un evento como este, la reunión me sirvió para repensar varias cosas respecto de la historia de la Iglesia Evangélica en el Perú y del nuevo rostro público de los evangélicos que está en construcción en el Perú hoy.

Para mí, fue curioso constatar cómo la historia se nos va de las manos. Tanto en el caso de Librería "El Inca", como en el caso de la historia de muchas otras instituciones evangélicas, no existe un testimonio histórico documentado y mucho menos un análisis desde la historia social, sobre el impacto y la trascendencia de una institución tan importante como "El Inca" en la vida republicana del país. Las interpretaciones que se realizan desde la lectura tradicional evangélica o desde las buenas intenciones pastorales, terminan obviando o perdiendo de vista la fuerza de la propuesta original de evangelización y de presencia pública que significó la apuesta realizada con mucha visión por el misionero Juan Ritchie (pionero de la organización de la Iglesia Evangélica Peruana) al instalar una imprenta y librería evangélica en medio de la convulsionada Lima de 1912.

El espacio de "El Inca" no fue el tranquilo lugar de venta de libros devocionales o de estudio bíblico que hoy podemos encontrar en cualquiera de sus varios locales. "El Inca" representaba una propuesta de misión desde el uso de la literatura impresa como una forma de comunicación del evangelio entre sectores no-creyentes, ávidos de material de lectura, muy escaso en ese entonces.  Y como es evidente, para captar el interés de sectores no-creyentes, que en el Perú de inicios del siglo pasado supieran leer, los materiales debían ser lo suficientemente abiertos de mente, bien planteados y adecuadamente redactados de tal manera que combinaran la brillantez de la pluma evangélica con la capacidad profética y la sabiduría de entender la realidad peruana y latinoamericana como para producir un efecto favorable y no lo contrario.

Hoy, un ciento de años después, no hemos sido capaces de superar ese acierto misionero de Juan Ritchie. Tenemos mejores diseños gráficos computarizados, mejores máquinas impresoras, abundantes estrategias de marketing, mucho más sofisticadas, pero nunca hemos podido volver a acercarnos a ser, como editorialistas, libreros o escritores evangélicos, ese referente cultural, espiritual y progresista que significó "El Inca" desde sus primeros años de testimonio cristiano.

Hemos adquirido respetabilidad y eficiencia de mercado, es cierto. Hay mayor resultados en el nivel de ventas y en el ingreso económico resultante mediante las ganancias. Pero esa visión de Ritchie de hacer de "El Inca" un lugar donde el profesor universitario no cristiano pudiera encontrar un material digno de ser consultado; un lugar donde una madre de familia pudiese informarse (¡en aquél entonces!) sobre salud reproductiva y métodos anticonceptivos; o un espacio donde la búsqueda de Cristo mantuviese conectadas nuestra ciudadanía celestial con una visión clara de nuestra ciudadanía terrenal, esa visión, ha sido algo irrepetible para los evangélicos hasta la actualidad.

Habrá gente que me dirá "es que los tiempos han cambiado, la historia ha avanzado, ¡hemos progresado!". "¡Sí claro!" yo le contesto, pero mientras que la historia ha "avanzado", parece que nosotros como conciencia evangélica hemos retrocedido puesto que el desafío misionero dejado por la Librería "El Inca" de Ritchie no ha podido ser ni de lejos alcanzado por toda la propuesta de Literatura Evangélica que tenemos a nuestro alrededor. Cómo no recordar a "El Inca" como la imprenta donde se publicaron los folletos llamando a la ciudadanía a resistir la iniciativa del gobierno de Leguía, en mayo de 1923, de consagrar el Perú al Sagrado Corazón de Jesús, estrategia usada por el dictador como una manera de apelar al sentimiento católico para lograr la prolongación de su mandato. 

Y junto con la historia de las instituciones tenemos que analizar también la historia de las Iglesias que acompañan y animan el desarrollo de aquellas. Hoy día los actores eclesiales han cambiado mucho en el panorama evangélico. Los sectores, digamos así, influyentes y que tienen algo que aportar al proceso de producción de literatura evangélica en el Perú, están relacionados con las nuevas iglesias surgidas en nuestro país desde inicios del siglo xxi.  Hablando sólo de los nacionales, hemos dejado atrás el liderazgo de la Iglesia Evangélica Peruana, denominación evangélica que en el Perú aportó un liderazgo valioso al proceso de consolidación de "El Inca". Bien podríamos citar los ejemplos de Juan de Dios Guerrero e Ignacio Zúñiga, por mencionar dos de los más conspicuos representantes. Y hablando de los productos hemos dejado atrás los tiempos de "El Heraldo", "El Cristiano" o "Renacimiento", por mencionar tres revistas con públicos objetivo diferentes que revolucionaron la literatura evangélica de su tiempo.

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¿Qué sucederá con los nuevos actores y protagonistas actuales del campo religioso evangélico? ¿Qué visión de proyecto de literatura cristiana tendrán los nuevos representantes del liderazgo de la Iglesia Evangélica hoy?  Desde mi percepción, veo que hemos dejado de lado la visión hacia afuera, tanto para la evangelización como para la incidencia pública. Hemos dejado de ser un sector líder y progresista en la expectativa de cambios individuales y estructurales que el país necesita. Hemos olvidado que la razón de ser de nuestras organizaciones de fe es que, como Jesús, podamos afirmar que nuestro propósito es que los seres humanos "tengan vida en abundancia". Y esto implica tener una opinión y una propuesta frente a los temas de conflictos sociales existentes en el país; frente al tema del cuidado de la Creación y el problema medio ambiental; frente a la necesidad de erradicar el racismo, la pobreza generadora de desigualdades y toda forma de discriminación frente a personas que creen, sienten, piensan y viven de manera diferente que nosotros/as.  Esto implica también dejar de encerrarnos en nuestras urnas de cristal, que es lo que muchas veces hemos convertido a nuestras congregaciones; torres de marfil o castillos feudales desde donde afirmamos nuestra cuota de poder y nos mantenemos indolentes y sin voz frente a los desastres que puedan ocurrir a nuestro alrededor. Afirmar la vida y el compromiso con su defensa y preservación es el gran mensaje que me llevo como desafío de la celebración de anoche por los 100 años de Librería "El Inca". 

No se trata de regresar al pasado. Se trata de aprender a tener memoria histórica y sensibilidad por las necesidades reales de nuestro país, empezar a reemplazar la comodidad e indolencia tradicional por el compromiso cristiano y la creatividad para acompañar, pastorear y testificar a nuestro pueblo y a sus instituciones que en Cristo hay arrepentimiento y cambio de vida y que el Espíritu de Dios, a través de estos instrumentos humanos, hace nuevas todas las cosas conforme al propósito de la manifestación de su Reino.

lunes, 6 de agosto de 2012


Evangelizar: una invitación a vivir en el amor y la diferencia | Por Nicolás Panotto


Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor; 
pero el mayor de ellos es el amor.
1 Corintios 13.13
 

La evangelización es un tema complejo que despierta muchas susceptibilidades. Y no es para menos. Por diversas razones se la ha definido como imposición, proselitismo, como un tipo de discurso que debe aceptarse sin cuestionamientos, como la adhesión a una iglesia o religión, entre otras cosas. Sí, siempre se dice: “el evangelio es una forma de vivir, no una religión”. Pero del dicho al hecho, hay un abismal trecho. Los dogmas, las formas religiosas, las moralinas, pregonan por sobre la simpleza del sentido común y la vivencia cotidiana de la fe. La historia muestra muchos ejemplos que respaldan estas comprensiones, y la distorsión y daño que han traído en muchos sentidos. Nada de buenas nuevas; pura muerte y malas noticias. Pero a veces esos cuestionamientos, aunque totalmente veraces, nos pueden llevar a ser reacios con el tema, sin profundizar en sus riquezas y valores.

Hay muchas resignificaciones que son necesarias hacer, ya que el término “evangelizar” está viciado y cargado de sentido por su bagaje histórico, tal como recién mencionamos. Es interesante notar que en el NT encontramos 52 menciones de “dar o compartir las buenas nuevas”, mientras que “evangelista” –un término que refiere más a una función institucionalizada- aparece solo 3 veces. Como todo en la vida, parece que ciertos elementos se tornan resistentes cuando se sedimentan y pierden la frescura del proceso o la no definición estricta que conlleva el simple “compartir”, sin una forma única.

Defino compartir el evangelio como una invitación a vivir en el amor fraterno. Esta enunciación trae consigo algunos replanteamientos. Principalmente, el hecho de que el evangelio no es un cúmulo de credos sino un nuevo estilo de vida. No implica la aceptación de una religión sino una nueva manera de comprender la realidad y transitarla. Lo religioso es funcional a ese nuevo estilo de vida, y no al revés. El evangelio es una invitación a amar al prójimo; este punto de partida, y no otro –como puede ser la aceptación de una moralina, de una práctica religiosa, del cumplimiento de prerrogativas eclesiales-, es el marco a partir del cual se comprende la invitación a formar parte de una comunidad eclesial. En otros términos, se invita para aprender a amarnos juntos y juntas, no a ser un elemento más de la estructura eclesial. Sólo en comunidad crecemos en el amor, y así en la fe.

En resumen: compartir las buenas nuevas es vivir en el amor al prójimo según el ejemplo de Jesús, quien vivió en comunidad con sus discípulos y discípulas, creciendo en el amor fraterno y la enseñanza. Por todo esto, debemos aprender a ser simples a la hora de definir esta tarea: el evangelio es la representación del amor pleno de Dios hacia el ser humano, y el compartir la fe significa la inevitable carga de amar y compartir ese amor.

Ahora, la pregunta es: ¿sabemos amar? ¿Vivimos en el amor? ¿Es el amor la columna medular de nuestra comunidad de fe? La poca claridad sobre este tema ha influido negativamente en la comprensión de la evangelización: más que en una práctica de amor al prójimo, ella se define desde un lugar de poder, desde la creencia de ser poseedores de una Verdad que se debe transmitir, presentada como un discurso cerrado o una práctica religiosa. Compartiendo este tema con una amiga, me comentó de un graffiti cerca de su casa que dice así: “El amor no tiene dueño. El amor no tiene sueño. El amor no tiene”. Por eso tenemos que preguntarnos cosas muy básicas: ¿qué significa amar? ¿Es algo que poseo como un objeto o es un proceso que debo vivir y descubrir con los demás?

Vayamos a Corintios 13, un conocido pasaje que refiere a estos temas. El contexto de este escrito es el reconocimiento de la heterogeneidad de la comunidad de Corinto, en la variedad de dones que todos y todas tenían. Al parecer, existían competencias y conflictos sobre el desarrollo de estas prácticas dentro del grupo. Por eso surge la pregunta: ¿cómo sobrellevamos esas diferencias? La respuesta es clara: el amor.

¿Pero implica el amor terminar con esa heterogeneidad y su inherente conflicto? Para nada. Por el contrario, significa sobrellevar y promover dicha pluralidad. Por ello, una de las consecuencias de la falta de amor es el no reconocer al otro en su diferencia. Existe una gran resistencia frente a lo que se presenta distinto a nuestra cosmovisión, creencia, identidad y práctica. Lo diverso da temor; por ello, se lo anula.

El pasaje muestra que el amor es aquella actitud que va más allá de las formas específicas, de lo dado, de lo establecido, como son los dones en sus formas concretas. Todo esto implica que el amor reconoce la imperfección. ¿Por qué? Porque no existe la perfección del lugar único, de nuestro espacio, pensamiento, religión, posición moral. La imperfección es lo que nos atraviesa y a su vez nos abre a la búsqueda de lo mejor, para nosotros/as y los demás, lo cual representa un proceso inagotable. Posicionarse en la perfección es encorsetar en un aura de poder mi particularidad.

No existe amor si no reconozco que necesito del otro y que el otro necesita de mí. Necesito a los demás porque no soy Dios, no puedo con todo. Este pasaje, en resumen, nos muestra que el amor es el reconocimiento de la diferencia que nos atraviesa, que nos abre como sujetos, tanto a nosotros mismos como hacia los demás.

Esta comprensión del amor nos quita del podio que muchas veces construimos, desde donde creemos tener y predicar la verdad absoluta a la cual el mundo debe rendirse. Por el contrario, como creyentes debemos reconocer más que nadie la finitud de la humanidad –y con ello de sus creencias, posiciones, pensamientos y lugares-, porque en ese reconocimiento se manifiesta el poder del amor como vínculo y como camino que inscribe el proceso de todo lo existente.

El amor y la esperanza van de la mano. En la Biblia, la esperanza no tiene que ver con un sentimiento romántico, como a veces creemos, sino que es un término teológico muy importante y denso en sentido. Es reconocer que la historia se basa en Dios y como tal se encuentra abierta a su acción. Lo que vemos ahora no es único ni absoluto; es algo muy distinto a lo que viviremos en un futuro (que tampoco conocemos) Por ello, amar en la esperanza significa cuestionar el egoísmo, el poder y el orgullo que cercenan formas distintas de sentir, de ser, de ver, tras la promoción de una verdad absoluta incuestionable. Vivimos en la esperanza de que todo puede cambiar y ser distinto. El amor reconoce la belleza y el poder de la diferencia ya que es en ella donde se manifiesta su riqueza multifacética. Por ende, nadie puede adueñarse de un lugar único, tanto para sí mismo como para los demás.

Amar en la esperanza es creer que todo tiene un proceso, que nosotros mismos estamos en proceso y debemos vivir en constante cambio. Amar en la esperanza es abrirnos a que los demás también se encuentran en proceso, en que pueden ser distintos y desde ese deseo alcanzar lo que anhelan. Eso nos quita del juicio y de apoderarnos del prójimo, para entregarnos a la tarea de abrir caminos de reconocimiento e inclusión. Amar en la esperanza implica reconocer que nosotros y nosotras necesitamos caminar con los demás en el descubrimiento de lo que viene, y que por eso carecemos de una verdad que sobrepasa al otro/a, que nos ubica en un lugar de poder y superioridad.

Compartir el evangelio significa amar e invitar a aprender a amar, no enseñar credos. En este sentido, el amor no es un medio, sino un fin en sí mismo. Es reconocer nuestra imperfección y necesidad de los demás. Así, la evangelización no es una invitación para que el otro/a aprehenda mi creencia porque ella es en sí única y perfecta, sino que es la demostración del deseo de que más personas se sumen en el camino en que nos encontramos todos y todas como seres humanos, donde necesitamos aprender a amar juntos, en comunidad, en sus múltiples formas.

En otras palabras, evangelizar es reconocer que necesitamos del otro/a. Es, en definitiva, invitar a vivir en esperanza, comprendiendo que las cosas pueden ser distintas de lo que son, así como nosotros/as mismos/as. Que las personas no son objetos receptores de un mensaje sino sujetos que viven opciones e historias, y por ende “están en camino”, así como nosotros y nosotras.

Sobre el autor:
Nicolás Panotto es Director general del Grupo de Estudios Multidisciplinarios sobre Religión e Incidencia Pública (GEMRIP) Licenciado en Teología por el IU ISEDET, Buenos Aires. Doctorando en Ciencias Sociales y Maestrando en Antropología Social por FLACSO Argentina. Miembro de la Fraternidad Teológica Latinoamericana.
Tomado de: http://www.elblogdebernabe.com/2012/08/evangelizar-una-invitacion-vivir-en-el.html

jueves, 2 de agosto de 2012

Más Sobre el Culto de Acción de Gracias


Los Te Deum de Bardales, están rumbo al ocaso

Por: JesúsLavado
Lima, 31 de Julio del 2012

Es oportuno aclarar de una vez, que en el Perú, nunca se ha realizado un Te Deum Evangélico; lo que hemos observado desde el año 2006, son los Te Deum de Bardales, el mismo que ha sido revestido de evangélico y de representativo. 

El Ministerio de Acción de Gracias de las Iglesias Evangélicas del Perú, no es un espacio que conglomera denominaciones e iglesias locales sino es una asociación civil de reciente inscripción en registros públicos (aún carente de RUC) conformada por unas pocas personas naturales; por lo tanto, nunca ha sido, no es, ni será representativo del pueblo evangélico. No obstante, hay que reconocer que los asociados de dicho “ministerio” tienen la habilidad de comprometer a personajes respetables del mundo evangélico, a quienes utilizan para simular una imagen de unidad, aparentar representatividad y asegurar convocatorias masivas. 

Desde una perspectiva teológica, los asociados del ministerio de acción de gracias son mas afines al movimiento carismático internacional y al movimiento neo-pentecostal, que a la sana doctrina que nutre al pueblo evangélico; y desde una perspectiva política, dichos asociados y un porcentaje importante de sus colaboradores son afines a movimientos políticos de inspiración pragmática y de orientación neo-liberal, y de trasfondo autocrático como el fujimorismo, es decir, son muy ajenos a los principios del reino de Dios. 

A lo largo de estos siete años transcurridos, los asociados del Ministerio de Acción de Gracias han negado la representatividad del Concilio Nacional Evangélico del Perú (CONEP); por eso han optado por rodearse de asociaciones de reciente creación y de representación especifica para aparentar representatividad ante las autoridades políticas del país, pese al favor que reciben de estas asociaciones, les niegan la condición de co-organizadores de la ceremonia de acción de gracias; lo que evidencia que no son institucionalistas. 

El Ministerio de Acción de Gracias, se ha auto-empoderado como una nueva franquicia socio-religiosa; que se adjudica la exclusividad de organizar e intervenir en ceremonias de acción de gracias por el Perú y por las ciudades y distritos del país; restando iniciativa y capacidades, y opacando legitimidad en quienes tienen el sentir de interceder por el país, por su localidad y sus autoridades políticas. Cabe precisar, que el Decreto Supremo Nº079-2010-PCM encarga a las Iglesias Evangélicas del país (instituciones) organizar la ceremonia de acción de gracias por el Perú y no a un grupo de personas que solamente se representan a si mismos.

Tampoco se debe olvidar, que las ceremonias de acciones de gracias celebradas durante el segundo gobierno de Alan García, operaron como una plataforma política que logró mediatizar a un sector del liderazgo evangélico, para que ellos acepten sin menor resistencia la ley y el reglamento de libertad religiosa, y la ley que consagra al Señor de los Milagros como patrono del Perú o de los católicos, normas que fueron impulsadas por los sectores mas conservadores del catolicismo peruano, como el Opus Dei y Sodalicio.

En relación a los dos anteriores Te Deum de Bardales, pese a que se conocía la ausencia del presidente de la república en dichas ceremonias, se anunció su participación para crear el imaginario social de que el mandatario desaíra al pueblo evangélico, creando en unos y reforzando en otros un sentir anti-humalista. Situación que fue complementada con la reciente y tendenciosa opinión del congresista Julio Rosas, quien induce la idea que el presidente Humala discrimina a los evangélicos, y que los fujimoristas están al lado de los evangélicos. 

Debe quedar claro de una vez, que el presidente Ollanta Humala no va asistir a ningún Te Deum de Bardales, por ser una actividad organizada y realizada al margen de las instituciones evangélicas; y si el presidente de la república asiste al Te Deum de la Iglesia Católica, es porque, es organizada y realizada por una institución religiosa reconocida por el Estado y el Gobierno peruano. El presidente Ollanta Humala no excluye a un sector de la población nacional, sino mas bien, es respetuoso de los protocolos establecidos; por eso, no se siente obligado asistir a ninguna actividad de carácter privado. Con esta aclaración se cierra esta etapa de la historia.