miércoles, 5 de septiembre de 2007

De las Crisis de la Masculinidad

El planteamiento de la problemática de género al interior de la Iglesia Evangélica todavía es un tema "en pañales". Mientras que algunos lo satanizan como equivalente a la promoción de la promiscuidad o el libertinaje sexual, otros más refinados, temen que plantear la revisión de los estereotipos y los roles de género traiga consigo el cuestionamiento del orden patriarcal que ha sido idealizado por nuestro liderazgo a lo largo de los años en nuestro Continente, casi como sinónimo de "modelo escogido por Dios" para la vida en familia y también como delo de liderazgo para la Iglesia.

Mientras esto ocurre en el ámbito de las Iglesias Evangélicas, los creyentes de carne y hueso, (y hoy me referiré específicamente a los hombres) vivimos las consecuencias de nuestras propias prisiones. Y es que en nombre de la imagen que tenemos que cuidar muchas veces somos inducidos a privarnos de nuestra vida afectiva o de la expresión de nuestra sensibilidad por temor a no ser cuestionados en el "valor de nuestra hombría". Es así que llegamos a idealizar y preservar los mandatos de la dominación hegemónica de una masculinidad limitante que se levanta como el prototipo de lo que significa ser hombre en la Iglesia, y en general en la sociedad. De esta manera el sistema patriarcal nos encasilla en ciertos límites y nosotros, colocamos de nuestra parte para mantener esos estándares de manera inalterable. El miedo a que se cuestione nuestra virilidad o en el caso de los heterosexuales, que se ponga en duda nuestra condición, nos atormenta y a veces nos lleva a exageraciones ridículas en nombre de la imagen que tenemos que cuidar.

En un estudio que hice hace algunos años sobre "Imágenes de Masculinidad en Jóvenes Evangélicos en el Perú" (Se puede solicitar una copia gratuita de este estudio) descubríamos un poco los orígenes de cómo se construye socialmente la noción de género entre los jóvenes evangélicos y de qué manera las consecuencias de una masculinidad hegemónica asfixiante nos privaba de nuestra capacidad de relación más saludable con los miembros de nuestro propio género así como con nuestras compañeras de creación. Encuestamos a 20 líderes juveniles en profundidad para analizar sus percepciones sobre el tema y los resultados no fueron alentadores. La mayoría, por prejuicio moral -radicalizado por pertenecer a una cultura evangélica- no aceptaba cuestionar los presupuestos de género del orden cultural imperante. Desconociendo el lenguaje de su propio cuerpo veían en la sexualidad una fuente de problemas de orden más bien genital, y no entraban en diálogo con sus propias necesidades simbólicas.

¿Estaremos en mejores condiciones de proponer algo distinto hoy desde el mundo de los jóvenes? Si los problemas de género habían sido planteados tradicionalmente como "problemas de mujeres oprimidas", descubrir que como hombres somos al mismo tiempo opresores y también oprimidos, puede ser el inicio de una nueva práctica y una nueva reflexión que, desde la Iglesia Cristiana, haga realidad la perspectiva paulina que "en Cristo... ya no hay varón ni mujer". Seguiremos tratando luego de este tema.

1 comentario:

Jorgix dijo...

Saludos al Blog,
considero que la revisión del tema es oportuna como para dar de una vez por todas una aproximación real al tema, aunque a la mayoría de líderes evangélicos machistas no les guste.

En efecto, hay una relación de igualdad entre el hombre y la mujer que se ve distorsionado en una opresión y violencia relacionada entre ambos géneros.

La cultura le dice al varón que no debe de llorar y que debe ser el líder de todo proyecto. La cultura le muestra a los varones que deben de cumplir su "sueño" a expensas de otros y nunca mostrar debilidad,ya que ello atenta contra su autoridad.

Bajo el reinado de Dios, pienso que el hombre y la mujer son fundamentales en la construcción de un nuevo orden. Esto significa que la mujer puede enseñar en la iglesia y pastorear a los varones y naturalmente, viceversa.

¿Qué significa ser hombre en el Siglo XXI?

Bajo mi aproximación al tema, considero que ser hombre es ser sencillamente tan tierno y firme como Jesús; tan sincero como emotivo... tan directo como inteligente... tan afectuoso como compasivo... tan lleno de procurar el bien de los demás como fiel. O sea más como Jesús.

Evidentemente hay diferencias psicosomáticas entre un hombre y una mujer, es hora de aprender a interactuar y complementar estas opticas antes de confrontarlas o avasallar una por otra.

Saludos.

Jorge Chávez