miércoles, 12 de enero de 2011

La Cinta Blanca


Hace unas semanas fui a ver la película Das weiße Band “La Cinta Blanca”, del director austriaco Michael Haneke. Aviso para el lector: este post estará lleno de spoilers *1 sobre dicho film. La película en mención fue ganadora de la Palma de Oro del Festival de Cannes, del Globo de Oro y obtuvo una nominación al Oscar a la mejor película extranjera del 2009.

Esta película llegó a nuestra cartelera casi como un “bicho raro” del cine por su propuesta temática, por haber sido filmada en blanco y negro, por los diálogos en idioma alemán y por la ausencia de música durante toda la película. Para decir la verdad ni siquiera en los momentos de la presentación de los nombres de los actores se escucha una sola nota musical durante la función. La única melodía que escucharemos en el film es el cántico del coro infantil de una iglesia protestante en un pueblito tradicional y rural de la Alemania previa a la Primera Guerra Mundial, lugar donde se desarrollan los hechos. La canción que se escucha –como no podía ser de otra manera- es el himno protestante “Castillo Fuerte es Nuestro Dios” y forma parte de la lógica fundamental de la propuesta argumentativa y del simbolismo que el realizador austriaco quiere presentarnos, como veremos de inmediato.

Hasta lo que he contado muchos de nuestros lectores no sentirán demasiada motivación por ver una película como ésta. Sin embargo, luego de superar estas diferencias que nos sorprenden en el inicio de la misma, la película va atrapándonos en una trama en la que se destaca la asfixiante presencia de una matriz cultural protestante que atraviesa y condiciona la existencia de los habitantes del pueblo. Al inicio, como evangélicos, nos sentimos interesados y atraídos por la vida de una comunidad como ésta, donde el sentido común religioso de las personas está impregnado de la vitalidad del protestantismo, pero luego con el transcurso de la película uno se siente incómodo con lo que está viendo, hasta el punto tal, que sentimos la necesidad de revisar nuestra fe y práctica a la luz de lo que estamos presenciando.

En síntesis, ¿de qué trata la película? Lo que yo aprecio y entiendo de ella es la manera en la que esta matriz cultural y religiosa de cuño protestante influenció perjudicialmente en la vida de los hijos, de los niños y niñas de esa comunidad, convirtiéndolos en seres maltratados, afectados física y psicológicamente por el autoritarismo, la disciplina represiva, la falta de relaciones igualitarias, de un pueblo lleno de gente jerarquizada y rígida, que lleva a los niños, a los hijos e hijas de los diferentes personajes del pueblo, a cometer actos de castigo ritual, violencia macabra y ensañamiento contra adultos e incluso contra otros niños más débiles del mismo pueblo. Como si fuera un juego de roles, estos niños organizados en torno a su asistencia a la escuela del pueblo y a la iglesia, van realizando una suerte de transferencia psicológica de toda esa sórdida y violenta disciplina de la que son objeto y en el limite de su resistencia deciden aplicar el mismo dolor y castigo a niños mas pequeños que ellos.

Si tomamos en consideración el contexto de la película, el director nos introduce a reflexionar en torno a los orígenes de la violencia en una generación que algunos años después haría del nazismo su bandera ideológica y que generalizaría propuestas de dominación, discriminación y ejercicio de la violencia contra otras personas, durante la Segunda Guerra Mundial.

Descubrir que el mal moral en el mundo puede estar auspiciado por la exacerbación de la experiencia y la disciplina religiosas nos escandaliza en el momento de ver la película y luego nos lleva a meditar sobre nuestro propio presente y las posibles consecuencias de las maneras en las que hoy la Iglesia y las familias evangélicas organizan su práctica formativa para los niños y niñas.

Cuando hacemos memoria de los diálogos que se desarrollan en el film sobre la sexualidad, (por ejemplo el diálogo en torno a la masturbación, es insuperable), la exigencia moral relacionada con la obediencia incondicional a las autoridades, la negación del principio del placer en la vida de las personas, la violencia de género en contra de las mujeres, etc, todos estos elementos juntos nos hacen ver la vigencia de la temática planteada por la película vinculando todo esto con la realidad de los espacios evangélicos en los que nuestros hijos están creciendo en la actualidad. Y uno termina sintiendo miedo.

Y para redondear mi lectura sobre la matriz cultural y religiosa de esta película –la cual evidentemente no quiso ser nunca una película sobre la religión exclusivamente- diré que, materialmente hablando, el uso de la “cinta blanca” es semejante a una especie de “detente” o “escapulario” comprendido desde el imaginario religioso católico, o un “anillo del pacto” leído desde la cosmovisión religiosa de algunas iglesias carismáticas evangélicas que lo promueven. Esta práctica de religiosidad popular carismática tuvo su momento mediático de protagonismo público en el momento en que artistas juveniles de Disney se pronunciaron a favor de su uso *2

En todo caso, la “Cinta Blanca” no es otra cosa que una cinta de tela blanca que los padres colocaban en la ropa de los niños y que sirve como una mediación física, un amuleto perverso que les ayudaría teóricamente a los hijos e hijas de dicho pueblo a aceptar la disciplina militar y el abuso contra sus personas con una buena disposición, invocando a Dios como garante y legitimador de dicho abuso.

La cinta blanca, es la cinta de la "pureza", la limpieza; la cinta de la ausencia del placer; la cinta de la religión que nos despersonaliza, nos automatiza y que niega nuestra humanidad; la cinta de la esclavitud a los rudimentos y los legalismos de este mundo; es la cinta que representa la devoción a la palabra del líder, la negación de nuestro sentido de crítica o de participación en la conducción de la vida de la Iglesia y lo que es peor, en la conducción de nuestras propias vidas.

La Cinta Blanca es la cinta que cada discípulo auténtico de Cristo debe aprender a cortar. De la misma manera como el cordón umbilical es cortado en los orígenes de nuestra vida física, separándonos del útero materno, cortar la cinta blanca es la única manera en que podemos llegar a convertirnos en personas auténticas, responsables y con capacidad para expresar libremente nuestra voluntad de adoración a Dios en gratuidad, sin la presencia de un cancerbero físico o simbólico que supuestamente nos conduzca a un nivel más elevado de la fe.

La película la Cinta Blanca nos deja con un sinsabor al final de la misma; una cosa agria que no termina de pasar desde nuestros ojos, luego por nuestra mente y finalmente hacia nuestro corazón. Y nos sentimos así porque como evangélicos no estamos del todo alejados de la realidad que la película nos ha retratado. Por el contrario, nos hemos sentido preocupados como Iglesia por las consecuencias nefastas de una educación religiosa, escolar o familiar, que pueda terminar produciendo seres humanos con un nivel tan grande de afectación como los que hemos visto en esta película.

Al abandonar la sala, empezamos a traer a nuestra mente escenas de las que nosotros mismos hemos sido protagonistas; escenas en las que hemos respondido con violencia inusitada a las presiones de una moral hipócrita o legalista y también hemos visto reflejadas algunas conductas de nuestros compañeros de ruta en los caminos del Señor. Empezamos a entender por qué algunas personas reaccionan con tanta violencia física o simbólica ante las menores presiones o circunstancias adversas. Y es que las cintas blancas que muchos tenemos todavía colgadas en nuestras vidas, nos aprisionan y asfixian, no permitiéndonos ser ese modelo de humanidad que Jesucristo promete y desafía a sus seguidores. Quiera el Señor librarnos del yugo de las Cintas Blancas sobre nuestros cuerpos, nuestras mentes y nuestras vidas. Así sea.

*1 “Spoiler”, viene del inglés “to spoil” y significa echar a perder y se refiere a que en el documento se va a hablar sobre la trama de alguna película o serie, de tal forma que si no la has visto te abstengas de leerlo para que no te adelanten el final o detalles importantes. conexionesinconexas.com/terminos-de-internet/

*2 http://www.boomker.com/noticias-cristianas/artistas-juveniles-de-disney-prometen-llegar-virgenes-al-matrimonio/


1 comentario:

Ghiis dijo...

Hola amigos del IMT, me gusta mucho entrar a su Blog y encontrar artículos tan interesantes como este sobre la película "La Cinta Blanca",como bien dice Oscar es una película muy diferente a las que se estrenan normalmente en la cartelera, si bien las primeras impresiones de la misma nos atrae (o quizás en lo particular a algunos) por las formas de presentar el film, lo que realmente conmueve y cuestiona es el contenido de fondo, el que al mostrársenos nos es imposible serle indiferente, ya que la realidad que nos muestra por más que sea en un contexto antiguo, nos hace percibir que es una realidad bastante próxima, quizás la realidad de amigos queridos que tratan de vivir su fe lo más consecuentemente posible. He tenido la suerte de ver la película apenas fue estrenada y la recomiendo (no quiero hablar del contenido de la misma, de la trama, en detalle ya que creo que la vivencia de cada uno ante el film es importante y ya Oscar mostró mucho de ella) solo les puedo comentar que es una pelicula que nos remueve en lo más intimo y que sirve para despertarnos del letargo en el que a veces caemos al sentirnos seguros de las formas en la que expresamos y vivimos nuestra fe. Ojalá la puedan encontrar y apreciarla, creo que el que se nos mueva un poco el piso nos ayudará a encontrar un mejor punto de equilibrio. Suerte.