martes, 10 de mayo de 2011

Transformar en Pocas Palabras

Hoy he querido escribir unas líneas sobre el sentido de "transformar", palabra que refleja el gran horizonte misionero en el cual el IMT hunde sus raíces para hacer la misión. Transformar es cambiar, esto implica que lo que somos o lo que sabemos hoy no es la última palabra; que lo que hacemos de manera eficiente en esta generación no tiene por qué ser aplicado de la misma manera por las siguientes. Reconocer nuestra necesidad de transformar y de ser tranformados habla de la humildad o de la falta de ella con la que vemos la vida. Si algo necesita ser cambiado, mejorado, perfeccionado es porque todavía no hemos llegado a la meta ni al final de la carrera, es porque todavía no somos perfectos.

Este blog del IMT está también viviendo su propio proceso de transformación. El blog ha sido durante varios años el medio de expresión de las concepciones teológicas del grupo de hermanos y hermanas que suscribimos los postulados de la Misión Transformadora en el mundo evangélico. Ahora vemos la necesidad de que como IMT crezcamos en el uso de una página web para expresar las formulaciones más teóricas y misiológicas relacionadas con la Misión Transformadora y también para desarrollar la vida institucional del IMT. Esta página está en construcción y próximamente haremos su presentación oficial en la web.

Mientras tanto este blog permanecerá como expresión de opiniones, comentarios y sentimientos sobre diversos temas "transformadores" de parte de quienes formamos parte del IMT. Apóyennos con sus oraciones, comentarios y ofrendas. El IMT es un ministerio que se sostiene gracias al aporte personal de sus lectores. Sigan acompañándonos en esta apuesta por caminar juntos "desde la Iglesia hacia la sociedad civil".



"El individuo ha luchado siempre para no ser absorbido por la tribu. Si lo intentas, a menudo estarás solo, y a veces asustado. Pero ningún precio es demasiado alto por el privilegio de ser uno mismo".
Friedrich Nietzsche (1844-1900) Filosofo alemán.

sábado, 7 de mayo de 2011

¡¡Los viejos a la tumba, los jóvenes al poder!!

Así rezaba un viejo dicho de la política de mediados de siglo pasado. Y como se nota que no se han aprendido de los pasajes de la historia, pues a pesar de estar en el S. XXI, el mismo problema de antaño se repite hoy.

Hace no mucho asistí con algunos jóvenes evangélicos, a la exposición de un compañero, también joven, también evangélico, quien compartía la mesa con un reconocido pensador protestante, profesor de una prestigiosa universidad capital. Mientras lo observaba en su reflexión me alegraba que por el hecho de ser menor que el anterior y renombrado expositor, no se le tome en poco, sino que su opinión sea escuchada y atendida.

Al final del evento, estuve conversando con este grupo de jóvenes, pensantes, la generación que está a puertas del liderazgo en la iglesia evangélica. O eso creía.

En la plática camino a casa, escuchaba las críticas en algunos casos muy severas sobre las actuales posiciones de los líderes evangélicos, en su mayoría se sentía una profunda necesidad de cambio a la par de un sentimiento nostálgico (para no decir rencoroso) por las malas decisiones de algunos líderes que deberían representarnos, misma crítica que hasta cierto punto comparto. A sus palabras de “cambio” y “coyuntura”, las que indicaban tenían nociones claras de cómo expresar sus ideas, se añadieron frases como: “fulano de tal debería morir”, otro contestaba “si, a sutano ya le toca morirse, en verdad” y reforzaban sus ideas diciendo: “ya no sirven para nada”. Cuando les pregunté inocentemente, el porque deberían morir, me respondieron que de ese modo quedarían como “héroes” y me mencionaron algunos nombres de personas de edad avanzada que a su criterio “daban pena”.

Este patrón de pensamiento ya lo conocía. Me recordó a un profesor de seminario que les enseñó a todos ellos en algún momento, y también me dictó algunas clases. El decía ese tipo de cosas. En el era más fácil de comprender, pues creció con esa generación que se sentía limitada por la hegemonía de los líderes de la época, entre ellos se conocen bien, y existe una suerte de permiso tácito de antigüedad para criticarse duramente, por la confianza que se tienen y por la posibilidad de verse envueltos en la misma crítica de ser necesario. Pero los líderes juveniles no podrían mostrar las mismas proporciones de crítica en vista de que no comparten las mismas condiciones que los antes mencionados. Esto me ayudó a entender que el error de los viejos (líderes acomodados en el poder desde hacía varias generaciones), se repitió en los líderes académicos, y se perpetúa en el liderazgo juvenil. Eso es triste.

No obstante el cantar alegremente la muerte de personajes a los que se les puede considerar “históricos”, es igualmente triste. Al margen que se esté de acuerdo o no con los tales. Sobre todo si no se argumenta la razón de las bravas palabras que se blanden, aunque sea una charla de jóvenes. Pues la misma nostalgia que se refiere a las históricas instituciones religiosas junto con las que hemos crecido, se debe dirigir a las personas que las comandaron o apoyaron en su desarrollo. Un dato gracioso es que estos mismos jóvenes, se autodenominan los post evangélicos o los evangélicos postmodernos, en esa discusión estaban cuando me dejaron caminar solo, y llegué unas cuadras después a mi casa.

Lo curioso de esto es que al día siguiente, me dirigía a una invitación, emitida cordialmente por uno de los susodichos viejos que según mis coetáneos “deberían morir”. El punto de encuentro era una iglesia histórica que había abierto sus puertas a un seminario extranjero, el cual emitía titulación a distancia. En ese seminario, cuya posición teológica era contraria la mía (lo noté en el discurso del profesor que felicitaba a los graduandos), me sorprendí al ver a este anciano, reconocido líder evangélico, recibiendo un nuevo grado en estudios teológicos. Me alegró muchísimo, como un hombre que, a su edad, se sigue preparando en el conocimiento de un asunto tan complicado y trascendente como la teología. Sobre todo, asumiendo en su discurso de graduación (con birrete y toga) una posición tan humilde, imagen tan contraria a la que había visto el día anterior.

En la recepción lo felicité y reconocí como un hombre de la generación que antecedió a los ahora imperantes, se sigue esforzando a pesar de que socialmente, “ya no se esperaría más de el”. Ese viejo ha estado en la cumbre de la autoridad en la iglesia, reúne valores como humildad, sin dejar de ser astuto como serpiente, y saber escuchar, sin dejar de ser un buen orador. Valores que los jóvenes de esta generación, los actuales líderes juveniles no reúnen más que parcialmente. No me resultó difícil hacer la comparación en su momento.

Claro que vale la pena hacer la salvedad de que este líder viejo estaba hablando en público, leyendo un discurso plenamente reflexionado, mientras que los jóvenes del día anterior estaban hablando en confianza y sin medir sus palabras. No hay que ser tan injustos en la comparación de esos dos momentos, pues después de todo, ese líder viejo, cuando fue joven cometió los mismos errores que los actuales jóvenes, y con el tiempo la dura crítica idealista de los jóvenes se tornará en mesurada negociación, ya no de blanco y negro, sino de grises. Miles de tonos de grises…

Lo temible de esta reflexión es contemplar como la profecía macabra de un historiador de la iglesia evangélica, un observador de los procesos de todo un pueblo, narra como la generación ulterior a los viejos cometió el error de salir de sus iglesias para dedicarse al trabajo social de la obra de Dios, en vez de insertar a la iglesia en su totalidad hacia este piadoso proceso de cultivo de los valores del Reino. Lo macabro de esto es que pueda volver a ocurrir. Y está volviendo a ocurrir. Las iglesias se vacían de líderes verdaderos y se llenan de mandamases repetidores de la voz de sus patrones, que asu vez son otros dictadores; mientras que las ONG´s se llenan de pensadores evangélicos que se alejan de las masas evangélicas piadosas, abandonadas a la suerte de los dictadores ya mencionados… “y el pueblo fallece por falta de conocimiento”.

Los jóvenes inexpertos sufrieron la minimización a la que los líderes viejos de la época los relegaron. Ahora estos jóvenes líderes menosprecian y esperan ver a sus mentores, muertos. Mientras que estos líderes viejos, que cometieron tales errores, ahora sufren la falta de discípulos; los jóvenes sufren el hecho de tener que abrirse camino a la mala, como si se tratara de una selva, todo porque quienes detentan el poder no quieren compartir lo que hayan podido conseguir, por lo que todos sufren. El maestro, porque sin discípulos no puede ser denominado “maestro” y el discípulo, porque sin maestros, no puede graduarse como tal. Eso es triste.

En pedagogía, conocemos de la inclinación natural por la 3ra edad por transmitir su conocimiento a las nuevas generaciones, esto nace del deseo de entregar un legado, concientes de la trascendencia que se espera. Pero ante los errores cometidos en la edad adulta, una vez inmersos en la vejez, cosechan diplomacia en vez de franca amistad, utilitarismo, en vez de ayuda mutua. Esto los impulsa a orientar sus esperanzas en los niños. Los que no recibirán su legado, sino el de los actuales jóvenes que fueron relegados en su momento e instruidos por quienes guardaron la semilla de la revancha. Haciendo de un proceso de evolución natural en una sociedad, una idea imposible. Pues se perpetua así un sentimiento de revanchismo, propio de las sociedades latinoamericanas, herederas de las colonias.

No quisiera caer en el caso de los amigos del hijo estúpido de Salomón. Creo que en la multitud de consejos se halla la sabiduría y que el discípulo que honra a su maestro, se honra a si mismo. Debemos aprender de los errores de aquellos que nos precedieron, haciendo un mea culpa, ser lo suficientemente humildes como para reconocer que por senderos que otros trazaron es que transitamos. Caminemos y enmendemos nuestros errores mientras remendamos el camino de nuestros padres.

No debemos ser orgullosos pensando que somos “herederos de un pensamiento de avanzada” o que “salimos de las tinieblas a la luz admirable”… el ser parte del “linaje oficial” no nos impide ser rechazados en algún momento como resultado de nuestra propia negligencia. Ejemplo de ello tenemos por montones en las escrituras, que para eso sirven, como ejemplo y manual de sabiduría.

Sería bueno darle una revisada a nuestras relaciones de poder de vez en cuando. Mientras se hace camino al andar. No sea que procurando ser mejor que nuestros padres, terminemos cometiendo exactamente los mismos errores que ellos cometieron con nosotros.



Anubis

jueves, 21 de abril de 2011

“Evangélicos tienen mal recuerdo de Fujimori”

Entrevista realizada por la periodista Inés Flores al Ps. Humberto Lay, el día jueves santo, 21 de abril del 2011. Fuente del diario "La República".



Líder de Restauración Nacional recordó que Alberto Fujimori, tras recibir el apoyo del pueblo evangélico, dejó de lado al pastor Carlos García.

¿Qué posición ha fijado Restauración Nacional respecto a la segunda vuelta?

Este fin de semana tomaremos una decisión con la Comisión Política del partido. Al final se hará una recomendación a nuestros afiliados, simpatizantes...


¿No habrá consigna?
No. No podemos forzar ni obligar a nadie a votar en determinada dirección. Cada uno tendrá que votar de acuerdo con su conciencia.

¿Cuáles son sus objeciones hacia Ollanta Humala?
Nos preocupa ese cambio del plan de gobierno original hasta sus últimas declaraciones en la campaña. Hay una gran variación. Esperamos definiciones entre lo que él declara y lo que declaran algunos de sus voceros oficiales.

¿Qué le preocupa de Keiko?
Por lo menos ya se definió por el posible indulto de su padre. Ya juró por Dios y afirmó públicamente que no lo va a indultar; ese es un aspecto que estábamos esperando. Hay otros puntos pendientes, como el grado de influencia que van a tener su padre y miembros que estuvieron en el fujimontesinismo.

¿Podría repetirse el apoyo de un sector evangélico a Keiko como ocurrió con Alberto Fujimori en 1990?
La situación de hoy es muy diferente. En el año 90, Fujimori era un desconocido y fue presentado a los pastores como el ‘hermano Fujimori’ cuando no lo era. Se dio apoyo espontáneo a una persona nueva que se presentaba con el slogan de honestidad.


Incluso Fujimori llevó en su plancha presidencial a Carlos García, un líder evangélico, pero cuando ganó se deshizo de él. ¿Cómo tomaron eso?
Es un mal recuerdo, una mala experiencia. Pero ese fue el padre. ¿Qué va a pasar con la hija? Ese es otro cantar.


¿Cómo cree que va a venir la votación de los evangélicos?
El pueblo evangélico ha madurado políticamente y cada uno está tomando sus propias decisiones con base en los argumentos que presente cada candidato y el grado de credibilidad. Hay evangélicos en ambas agrupaciones.

¿Qué porcentaje vota?
El pueblo evangélico es de alrededor del 15% de la población. Estamos hablando de cuatro millones y medio de evangélicos, de los cuales dos millones y medio son electores.

¿Y cuál será el voto de Humberto Lay?
Al final voy a tener que votar por alguno de los dos, aunque tenga objeciones serias. Todavía no he tomado la decisión.

“Compromiso de candidatos es cuestión de fe”
Pedro Pablo Kuczynski, su aliado político en estas elecciones, les dijo a los jóvenes que los “partidos apestan”. ¿Cómo le cayó ese comentario?
Creo que fue un lapsus. No creo que sea lo que piense.

Pero fue una alianza de partidos, incluyendo el suyo, que lo postuló a la presidencia...
Sí, por eso no creo que eso (que dijo) sea lo que piense.

¿Habló con ustedes de ello?
No hemos conversado sobre el tema.

¿Basta con su palabra o esperan algún compromiso seguro de ambos candidatos?
En el pasado hubo muchos casos de políticos que dijeron una cosa e hicieron otra después. Al final de cuentas es una cuestión de fe porque, por más que firmen documentos, igual una vez que estén en el poder podrán hacer cualquier cosa.

Fuente: http://www.larepublica.pe/impresa/evangelicos-tienen-mal-recuerdo-de-fujimori-2011-04-21

martes, 1 de febrero de 2011

Impunidad en Campaña

Por: Rocío Silva Santisteban
La República
Tomado de: http://www.adital.com.br/site/noticia.asp?boletim=1〈=ES&cod=53630
¿Debería salir de prisión Alberto Fujimori por un indulto si es que está enfermo de cáncer? El tema es sumamente complejo pero solo hay una respuesta posible: no. No se trata de que estemos a favor o en contra de los indultos, o que seamos fujimoristas o antifujimoristas. El nudo del problema es un asunto de derecho internacional público: no se puede ni indultar ni amnistiar a personas que han sido sentenciadas por delitos de lesa humanidad y, en el caso peruano, por secuestro agravado.

Lamentablemente esta importante particularidad técnico-jurídica no se tiene en consideración porque ha sido una parte interesada, Keiko Fujimori, quien ha sostenido durante varios meses como parte de su campaña el indulto a su padre. Como hija, podría entenderse; como estadista, es un despropósito totalmente anacrónico. Como electores, nosotros no tenemos por qué escuchar a una buena hija; estamos escuchando a una más que mediocre estadista.

Por eso mismo Keiko Fujimori, a quien tampoco le faltan asesores, ha querido virar a última hora el discurso de su campaña y propone que el tema del caso de su padre se resolverá en los "tribunales”. El punto es que en los tribunales ya se decidió y hay una sentencia firme. Sin embargo, como se sabe, los abogados de Alberto Fujimori han presentado una decena de hábeas corpus y hay uno que está esperando pronunciamiento de los miembros del Tribunal Constitucional; pero, al parecer, por declaraciones del presidente del mismo, se ha pensado postergar el fallo después de las elecciones. Como bien ha sostenido Marisol Pérez Tello, de la Alianza de PPK, "el aparato judicial no se puede detener por las encuestas”. Coincidimos plenamente: las decisiones de un poder autónomo del Estado no pueden frenarse con base en cálculos políticos. ¿La resolución del hábeas corpus a favor de Fujimori implicaría que este podría salir a la calle inmediatamente? No. Solo devendría nula la confirmación de la sentencia, mas no la sentencia. ¿Qué significa esto? Que la sentencia se volvería a revisar. Es decir: las leguleyadas de nunca acabar para no respetar una sentencia ejemplar.

La situación es más que lamentable porque hay muchos políticos que están "quebrando cintura” para no oponerse de forma directa a la posibilidad de la impunidad y tratar, ingenuamente, de redituar los votos de ese 20% duro del fujimorismo. Es realmente indignante que los cálculos electorales puedan sobreponerse a las declaraciones públicas hechas antes de la campaña o incluso a los supuestos valores democráticos y firmes que suelen esgrimir de la boca para afuera. Más bien deberían de considerar que defender los derechos humanos, teniendo en cuenta los miles de afectados por las vejaciones a los mismos, podrían eventualmente también otorgarles votos.

miércoles, 12 de enero de 2011

La Cinta Blanca


Hace unas semanas fui a ver la película Das weiße Band “La Cinta Blanca”, del director austriaco Michael Haneke. Aviso para el lector: este post estará lleno de spoilers *1 sobre dicho film. La película en mención fue ganadora de la Palma de Oro del Festival de Cannes, del Globo de Oro y obtuvo una nominación al Oscar a la mejor película extranjera del 2009.

Esta película llegó a nuestra cartelera casi como un “bicho raro” del cine por su propuesta temática, por haber sido filmada en blanco y negro, por los diálogos en idioma alemán y por la ausencia de música durante toda la película. Para decir la verdad ni siquiera en los momentos de la presentación de los nombres de los actores se escucha una sola nota musical durante la función. La única melodía que escucharemos en el film es el cántico del coro infantil de una iglesia protestante en un pueblito tradicional y rural de la Alemania previa a la Primera Guerra Mundial, lugar donde se desarrollan los hechos. La canción que se escucha –como no podía ser de otra manera- es el himno protestante “Castillo Fuerte es Nuestro Dios” y forma parte de la lógica fundamental de la propuesta argumentativa y del simbolismo que el realizador austriaco quiere presentarnos, como veremos de inmediato.

Hasta lo que he contado muchos de nuestros lectores no sentirán demasiada motivación por ver una película como ésta. Sin embargo, luego de superar estas diferencias que nos sorprenden en el inicio de la misma, la película va atrapándonos en una trama en la que se destaca la asfixiante presencia de una matriz cultural protestante que atraviesa y condiciona la existencia de los habitantes del pueblo. Al inicio, como evangélicos, nos sentimos interesados y atraídos por la vida de una comunidad como ésta, donde el sentido común religioso de las personas está impregnado de la vitalidad del protestantismo, pero luego con el transcurso de la película uno se siente incómodo con lo que está viendo, hasta el punto tal, que sentimos la necesidad de revisar nuestra fe y práctica a la luz de lo que estamos presenciando.

En síntesis, ¿de qué trata la película? Lo que yo aprecio y entiendo de ella es la manera en la que esta matriz cultural y religiosa de cuño protestante influenció perjudicialmente en la vida de los hijos, de los niños y niñas de esa comunidad, convirtiéndolos en seres maltratados, afectados física y psicológicamente por el autoritarismo, la disciplina represiva, la falta de relaciones igualitarias, de un pueblo lleno de gente jerarquizada y rígida, que lleva a los niños, a los hijos e hijas de los diferentes personajes del pueblo, a cometer actos de castigo ritual, violencia macabra y ensañamiento contra adultos e incluso contra otros niños más débiles del mismo pueblo. Como si fuera un juego de roles, estos niños organizados en torno a su asistencia a la escuela del pueblo y a la iglesia, van realizando una suerte de transferencia psicológica de toda esa sórdida y violenta disciplina de la que son objeto y en el limite de su resistencia deciden aplicar el mismo dolor y castigo a niños mas pequeños que ellos.

Si tomamos en consideración el contexto de la película, el director nos introduce a reflexionar en torno a los orígenes de la violencia en una generación que algunos años después haría del nazismo su bandera ideológica y que generalizaría propuestas de dominación, discriminación y ejercicio de la violencia contra otras personas, durante la Segunda Guerra Mundial.

Descubrir que el mal moral en el mundo puede estar auspiciado por la exacerbación de la experiencia y la disciplina religiosas nos escandaliza en el momento de ver la película y luego nos lleva a meditar sobre nuestro propio presente y las posibles consecuencias de las maneras en las que hoy la Iglesia y las familias evangélicas organizan su práctica formativa para los niños y niñas.

Cuando hacemos memoria de los diálogos que se desarrollan en el film sobre la sexualidad, (por ejemplo el diálogo en torno a la masturbación, es insuperable), la exigencia moral relacionada con la obediencia incondicional a las autoridades, la negación del principio del placer en la vida de las personas, la violencia de género en contra de las mujeres, etc, todos estos elementos juntos nos hacen ver la vigencia de la temática planteada por la película vinculando todo esto con la realidad de los espacios evangélicos en los que nuestros hijos están creciendo en la actualidad. Y uno termina sintiendo miedo.

Y para redondear mi lectura sobre la matriz cultural y religiosa de esta película –la cual evidentemente no quiso ser nunca una película sobre la religión exclusivamente- diré que, materialmente hablando, el uso de la “cinta blanca” es semejante a una especie de “detente” o “escapulario” comprendido desde el imaginario religioso católico, o un “anillo del pacto” leído desde la cosmovisión religiosa de algunas iglesias carismáticas evangélicas que lo promueven. Esta práctica de religiosidad popular carismática tuvo su momento mediático de protagonismo público en el momento en que artistas juveniles de Disney se pronunciaron a favor de su uso *2

En todo caso, la “Cinta Blanca” no es otra cosa que una cinta de tela blanca que los padres colocaban en la ropa de los niños y que sirve como una mediación física, un amuleto perverso que les ayudaría teóricamente a los hijos e hijas de dicho pueblo a aceptar la disciplina militar y el abuso contra sus personas con una buena disposición, invocando a Dios como garante y legitimador de dicho abuso.

La cinta blanca, es la cinta de la "pureza", la limpieza; la cinta de la ausencia del placer; la cinta de la religión que nos despersonaliza, nos automatiza y que niega nuestra humanidad; la cinta de la esclavitud a los rudimentos y los legalismos de este mundo; es la cinta que representa la devoción a la palabra del líder, la negación de nuestro sentido de crítica o de participación en la conducción de la vida de la Iglesia y lo que es peor, en la conducción de nuestras propias vidas.

La Cinta Blanca es la cinta que cada discípulo auténtico de Cristo debe aprender a cortar. De la misma manera como el cordón umbilical es cortado en los orígenes de nuestra vida física, separándonos del útero materno, cortar la cinta blanca es la única manera en que podemos llegar a convertirnos en personas auténticas, responsables y con capacidad para expresar libremente nuestra voluntad de adoración a Dios en gratuidad, sin la presencia de un cancerbero físico o simbólico que supuestamente nos conduzca a un nivel más elevado de la fe.

La película la Cinta Blanca nos deja con un sinsabor al final de la misma; una cosa agria que no termina de pasar desde nuestros ojos, luego por nuestra mente y finalmente hacia nuestro corazón. Y nos sentimos así porque como evangélicos no estamos del todo alejados de la realidad que la película nos ha retratado. Por el contrario, nos hemos sentido preocupados como Iglesia por las consecuencias nefastas de una educación religiosa, escolar o familiar, que pueda terminar produciendo seres humanos con un nivel tan grande de afectación como los que hemos visto en esta película.

Al abandonar la sala, empezamos a traer a nuestra mente escenas de las que nosotros mismos hemos sido protagonistas; escenas en las que hemos respondido con violencia inusitada a las presiones de una moral hipócrita o legalista y también hemos visto reflejadas algunas conductas de nuestros compañeros de ruta en los caminos del Señor. Empezamos a entender por qué algunas personas reaccionan con tanta violencia física o simbólica ante las menores presiones o circunstancias adversas. Y es que las cintas blancas que muchos tenemos todavía colgadas en nuestras vidas, nos aprisionan y asfixian, no permitiéndonos ser ese modelo de humanidad que Jesucristo promete y desafía a sus seguidores. Quiera el Señor librarnos del yugo de las Cintas Blancas sobre nuestros cuerpos, nuestras mentes y nuestras vidas. Así sea.

*1 “Spoiler”, viene del inglés “to spoil” y significa echar a perder y se refiere a que en el documento se va a hablar sobre la trama de alguna película o serie, de tal forma que si no la has visto te abstengas de leerlo para que no te adelanten el final o detalles importantes. conexionesinconexas.com/terminos-de-internet/

*2 http://www.boomker.com/noticias-cristianas/artistas-juveniles-de-disney-prometen-llegar-virgenes-al-matrimonio/