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jueves, 9 de agosto de 2012

Literatura Evangélica de Aniversario

Librería "El Inca" - 100 Años de Presencia Evangélica en la Sociedad Peruana

Por: Oscar Amat y León
Director del Instituto para la Misión Transformadora
oscar_amat@yahoo.com

Ayer tuve la oportunidad de asistir a la celebración que Librería "El Inca" organizó por sus 100º aniversario. Más allá de felicitar a los anfitriones por la amabilidad y la delicadeza de realizar un evento como este, la reunión me sirvió para repensar varias cosas respecto de la historia de la Iglesia Evangélica en el Perú y del nuevo rostro público de los evangélicos que está en construcción en el Perú hoy.

Para mí, fue curioso constatar cómo la historia se nos va de las manos. Tanto en el caso de Librería "El Inca", como en el caso de la historia de muchas otras instituciones evangélicas, no existe un testimonio histórico documentado y mucho menos un análisis desde la historia social, sobre el impacto y la trascendencia de una institución tan importante como "El Inca" en la vida republicana del país. Las interpretaciones que se realizan desde la lectura tradicional evangélica o desde las buenas intenciones pastorales, terminan obviando o perdiendo de vista la fuerza de la propuesta original de evangelización y de presencia pública que significó la apuesta realizada con mucha visión por el misionero Juan Ritchie (pionero de la organización de la Iglesia Evangélica Peruana) al instalar una imprenta y librería evangélica en medio de la convulsionada Lima de 1912.

El espacio de "El Inca" no fue el tranquilo lugar de venta de libros devocionales o de estudio bíblico que hoy podemos encontrar en cualquiera de sus varios locales. "El Inca" representaba una propuesta de misión desde el uso de la literatura impresa como una forma de comunicación del evangelio entre sectores no-creyentes, ávidos de material de lectura, muy escaso en ese entonces.  Y como es evidente, para captar el interés de sectores no-creyentes, que en el Perú de inicios del siglo pasado supieran leer, los materiales debían ser lo suficientemente abiertos de mente, bien planteados y adecuadamente redactados de tal manera que combinaran la brillantez de la pluma evangélica con la capacidad profética y la sabiduría de entender la realidad peruana y latinoamericana como para producir un efecto favorable y no lo contrario.

Hoy, un ciento de años después, no hemos sido capaces de superar ese acierto misionero de Juan Ritchie. Tenemos mejores diseños gráficos computarizados, mejores máquinas impresoras, abundantes estrategias de marketing, mucho más sofisticadas, pero nunca hemos podido volver a acercarnos a ser, como editorialistas, libreros o escritores evangélicos, ese referente cultural, espiritual y progresista que significó "El Inca" desde sus primeros años de testimonio cristiano.

Hemos adquirido respetabilidad y eficiencia de mercado, es cierto. Hay mayor resultados en el nivel de ventas y en el ingreso económico resultante mediante las ganancias. Pero esa visión de Ritchie de hacer de "El Inca" un lugar donde el profesor universitario no cristiano pudiera encontrar un material digno de ser consultado; un lugar donde una madre de familia pudiese informarse (¡en aquél entonces!) sobre salud reproductiva y métodos anticonceptivos; o un espacio donde la búsqueda de Cristo mantuviese conectadas nuestra ciudadanía celestial con una visión clara de nuestra ciudadanía terrenal, esa visión, ha sido algo irrepetible para los evangélicos hasta la actualidad.

Habrá gente que me dirá "es que los tiempos han cambiado, la historia ha avanzado, ¡hemos progresado!". "¡Sí claro!" yo le contesto, pero mientras que la historia ha "avanzado", parece que nosotros como conciencia evangélica hemos retrocedido puesto que el desafío misionero dejado por la Librería "El Inca" de Ritchie no ha podido ser ni de lejos alcanzado por toda la propuesta de Literatura Evangélica que tenemos a nuestro alrededor. Cómo no recordar a "El Inca" como la imprenta donde se publicaron los folletos llamando a la ciudadanía a resistir la iniciativa del gobierno de Leguía, en mayo de 1923, de consagrar el Perú al Sagrado Corazón de Jesús, estrategia usada por el dictador como una manera de apelar al sentimiento católico para lograr la prolongación de su mandato. 

Y junto con la historia de las instituciones tenemos que analizar también la historia de las Iglesias que acompañan y animan el desarrollo de aquellas. Hoy día los actores eclesiales han cambiado mucho en el panorama evangélico. Los sectores, digamos así, influyentes y que tienen algo que aportar al proceso de producción de literatura evangélica en el Perú, están relacionados con las nuevas iglesias surgidas en nuestro país desde inicios del siglo xxi.  Hablando sólo de los nacionales, hemos dejado atrás el liderazgo de la Iglesia Evangélica Peruana, denominación evangélica que en el Perú aportó un liderazgo valioso al proceso de consolidación de "El Inca". Bien podríamos citar los ejemplos de Juan de Dios Guerrero e Ignacio Zúñiga, por mencionar dos de los más conspicuos representantes. Y hablando de los productos hemos dejado atrás los tiempos de "El Heraldo", "El Cristiano" o "Renacimiento", por mencionar tres revistas con públicos objetivo diferentes que revolucionaron la literatura evangélica de su tiempo.


¿Qué sucederá con los nuevos actores y protagonistas actuales del campo religioso evangélico? ¿Qué visión de proyecto de literatura cristiana tendrán los nuevos representantes del liderazgo de la Iglesia Evangélica hoy?  Desde mi percepción, veo que hemos dejado de lado la visión hacia afuera, tanto para la evangelización como para la incidencia pública. Hemos dejado de ser un sector líder y progresista en la expectativa de cambios individuales y estructurales que el país necesita. Hemos olvidado que la razón de ser de nuestras organizaciones de fe es que, como Jesús, podamos afirmar que nuestro propósito es que los seres humanos "tengan vida en abundancia". Y esto implica tener una opinión y una propuesta frente a los temas de conflictos sociales existentes en el país; frente al tema del cuidado de la Creación y el problema medio ambiental; frente a la necesidad de erradicar el racismo, la pobreza generadora de desigualdades y toda forma de discriminación frente a personas que creen, sienten, piensan y viven de manera diferente que nosotros/as.  Esto implica también dejar de encerrarnos en nuestras urnas de cristal, que es lo que muchas veces hemos convertido a nuestras congregaciones; torres de marfil o castillos feudales desde donde afirmamos nuestra cuota de poder y nos mantenemos indolentes y sin voz frente a los desastres que puedan ocurrir a nuestro alrededor. Afirmar la vida y el compromiso con su defensa y preservación es el gran mensaje que me llevo como desafío de la celebración de anoche por los 100 años de Librería "El Inca". 

No se trata de regresar al pasado. Se trata de aprender a tener memoria histórica y sensibilidad por las necesidades reales de nuestro país, empezar a reemplazar la comodidad e indolencia tradicional por el compromiso cristiano y la creatividad para acompañar, pastorear y testificar a nuestro pueblo y a sus instituciones que en Cristo hay arrepentimiento y cambio de vida y que el Espíritu de Dios, a través de estos instrumentos humanos, hace nuevas todas las cosas conforme al propósito de la manifestación de su Reino.

martes, 17 de julio de 2012

Campaña Nacional por el Diálogo


Los Evangélicos en el camino hacia una Evangelización Dialógica

14 Después de que encarcelaron a Juan, Jesús fue a Galilea
y comenzó a anunciar la buena noticia de parte de Dios. 
15 Él decía: «Ha llegado el momento, el reino de Dios ya está cerca.
Cambien su manera de pensar y de vivir, crean en la buena noticia».
Marcos 1:14-15 PDT Palabra de Dios para Todos

¿Cómo podría la Juventud Evangélica aportar a la iniciativa de sociedad civil conocida como la “Campaña Nacional por el Diálogo”? En estos momentos de conflicto social y acumulación de la violencia que experimentamos en nuestro país, observamos que ésta se produce no sólo por razones económicas, sino también como reflejo de diversas expresiones de desencuentro social y cultural; necesidades de reconocimiento que tienen antecedentes de injusta postergación a lo largo de nuestra historia.

Ante esta situación, la Iglesia Evangélica, una institución religiosa que representa en la actualidad a más del 13,7% de la población peruana[1], con más de ciento veinte años de presencia en el país[2], ha tenido un aporte significativo en el proceso de construcción de la identidad nacional. Sin embargo, su mensaje ha sido asociado, generalmente, con una invitación a alejarse de las cuestiones “de este mundo” y limitarse al cumplimiento de su vida eclesiástica y espiritual al interior de sus congregaciones locales.

La mayoría de las iglesias evangélicas parecen entender el Evangelio limitando su mensaje al anuncio verbal (la mayoría de las veces masivo) dirigido al individuo aislado, con un sentido de solución “en el otro mundo” respecto de los problemas que el ser humano sufre en este mundo. En ocasiones los evangélicos hemos hecho una selección de pasajes “evangelísticos” escogidos selectivamente de las Escrituras y hemos entendido que evangelizar es repetir o dar a conocer reiteradamente el contenido de estos textos bíblicos.  Muchas personas que son “evangelizadas” de esta manera, sienten que esta es una forma de proselitismo, manipulación o lavado cerebral[3]. Muchos dirían que son los criterios del mercado y del marketing religioso los que movilizan un tipo de evangelización como esta.  

Más grave aún, la “evangelización” puede terminar convirtiéndose en una forma de violencia en la medida que para lograr la adhesión del nuevo converso muchas iglesias acostumbran desacreditar el testimonio y la credibilidad de otras iglesias cristianas, o se enarbola una profunda crítica a los estilos de vida de las personas “mundanas” las cuales no coinciden con las expectativas morales de la iglesia en mención.

Siendo ese nuestro contexto, nos preocupa profundamente que como evangélicos estemos contribuyendo a la expansión de la violencia simbólica, la discriminación y la intolerancia en la sociedad peruana, creyendo estar haciendo un bien espiritual a las personas.  Cuando la realidad social o cultural, incluso, es demonizada y se añade toda una teología que nos habla de lugares, costumbres o personas a las que se les califican como “poseídas” o simplemente “endemoniadas”, las fronteras de la violencia simbólica, específicamente religiosa, se vuelven aún más graves.[4]

Por todo ello queremos sumarnos al esfuerzo de promoción del diálogo como vehículo principal para resolver o manejar nuestras diferencias, desde la perspectiva de la fe evangélica y de sus manifestaciones concretas en nuestro país. Queremos promover la reflexión en nuestras autoridades eclesiásticas sobre la importancia de priorizar la búsqueda del consenso, el entendimiento mutuo y la primacía del diálogo sobre toda forma de imposición y autoritarismo en nuestras relaciones humanas.

Dado que para todos los cristianos evangélicos, la evangelización es un elemento fundamental de nuestro sentido de misión, del para qué nos constituimos como iglesia y del cómo percibimos la vida en nuestras relaciones cotidianas, se hace necesario profundizar y ampliar el significado de la evangelización como buenas noticias de parte de Dios a la humanidad. Necesitamos repensar nuestras relaciones con aquellas personas que no son de nuestra congregación o de nuestra iglesia local, de tal modo que no hagamos un tratamiento discriminatorio exacerbando las diferencias entre personas creyentes y no-creyentes, aludiendo que toda la fe, la razón y la moralidad se encuentran del lado de los creyentes y toda la maldad, ignorancia y falta de espiritualidad están de lado de los que llamamos “no-creyentes”. El respeto por la dignidad humana de todas las personas exige de parte de quienes nos llamamos “discípulos de Jesucristo”, un trato a la altura de la persona a quién decimos servir.

Como lo dice el psicólogo evangélico Jorge León: “La evangelización debe partir del presupuesto básico que en el peor de los hombres está la imagen de Dios. Jesús sabía que en el peor de los hombres estaba la Imago Dei (imagen de Dios) y por causa del pecado, esa Imagen de Dios clama por completamiento. Luego lo que necesita todo ser humano es descubrirse como hombre y como humano perfectible a la luz de Jesucristo.”[5] No hay aquí ni un falso triunfalismo evangélico ni una visión colonialista de la espiritualidad de las personas, sólo una actitud abierta en el deseo de compartir la fe y caminar juntos con otros/as que encuentran en la figura de Jesús un referente de vida para una relación con Dios, personal y comunitaria.

Mirar la evangelización como encuentro, como diálogo, nos abre oportunidades nuevas de construir la fe sobre bases más sólidas. Significa desterrar el enfoque de “arriba hacia abajo” con el que se ha justificado mucho sentimiento de superioridad y el carácter artificial y estereotipado de los “discursos evangelizadores”. En palabras del pastor Brian McLaren, líder del movimiento de las iglesias emergentes en los Estados Unidos: “En la calle, este término (“evangelización”) significa presión. Significa vender a Dios como si Dios fuera un artículo para el hogar, un material para la construcción o un seguro de automóvil. Significa meter tus ideas en la cabeza de otro, amenazándolo con el infierno si no se entrega a tu lógica o a tus citas bíblicas. Significa excluir de la gracia de Dios a todos excepto a aquellos que están de acuerdo con el evangelista.”[6]

Es así que estamos hablando de la alternativa de promover una “evangelización dialógica” por medio de la cual se construyen relaciones saludables sobre la base de una actitud respetuosa hacia las personas que no son cristianas. Al mismo tiempo la evangelización no se centra solamente en elementos estrictamente religiosos, sino que se construyen relaciones de apertura e interés genuino a las necesidades y la problemática de nuestro interlocutor.  En este proceso, ambas partes interactúan, se reconocen, aprenden el uno del otro y se comparte la fe cristiana en un clima libre de presiones y menos artificial. Otra vez, citando a McLaren, creemos que “la buena evangelización es el proceso de ser amigables sin discriminar y ejercer una influencia sobre todos nuestros amigos para una vida mejor, mediante buenas obras y buenas conversaciones”.[7]

Sirva, entonces, este primer paso para promover la reflexión y la práctica de una evangelización dialógica en nuestras vidas personales y en nuestros modelos congregacionales. Abramos las puertas de la acogida al otro/a no sólo por intereses religiosos sino en la convicción de que la preocupación genuina por mi prójimo es un vehículo que Dios ha provisto para la construcción de la paz en nuestras comunidades.

Y propongamos el diálogo como evidencia de nuestra humanidad, nuestra capacidad de simbolizar, de expresarnos e interactuar. El diálogo es una muestra de la gracia de un Dios que se revela a la humanidad, y que al mismo tiempo, otorga a los seres humanos dicha capacidad para levantarnos más allá de nuestros instintos, nuestro egoísmo y construirnos como personas a la imagen y semejanza de nuestro Creador. 

Por: Oscar Amat y León


[1] Fuente: Amanecer Perú: Manual Estadístico: Investigación Socio-Religiosa, Lima, Amanecer Perú, 2003.
[2] Ver: KESSLER, Juan. Historia de la Evangelización en el Perú, Lima, Ediciones Puma, 1993, AMAT Y LEON, Oscar. Presencia Evangélica en la Sociedad Peruana, Lima, IMT, 2006 y  FONSECA, Juan. Misioneros y Civilizadores: Protestantismo y modernización en el Perú 1915-1930, Lima, PUCP, 2002 .
[3] Desde el propio sector evangélico existen libros como el de John White (y otros), que problematizan lo que se entiende por “evangelización” de manera tradicional. Ver: ¿Evangelización o Lavado Cerebral?, Buenos Aires, Certeza, 1972.y el artículo de CASTRO, Emilio. “La Conversión”. Revista Misión 1985, Número 12, Vol 4, Nº 1.
[4] Ver por ejemplo el Manual de Guerra Espiritual de Ed Murphy. Editorial Betania, 1994.
[5] LEÓN, Jorge. Hacia Una Evangelización Restauradora, Buenos Aires, SAGEPE, 2008
[6] MCLAREN, Brian. Más Preparado de lo que Piensas. La evangelización como danza en tiempos posmodernos. Buenos Aires, Ediciones Kairós, 2006.
[7]  MCLAREN. Op. Cit.


domingo, 4 de marzo de 2012

Fe evangélica y economía internacional en el contexto actual (reflexión)

Pensando en economía internacional, la crisis financiera, pobreza, deuda externa y demás temas a las iglesias supuestamente no nos compete, me topé con un cuento, que ni siquiera sé como se llama (si alguno o alguna tiene piedad de mi, y me quiere desasnar, le estaré profundamente agradecido). Pero lo cuenta Eduardo Galeano en la voz de Adolfo Pérez Esquivel (premio novel de la paz). Cuenta (el cuento) diciendo que estaba en un restaurant cuando de pronto se aproxima a la cocina y escucha el diálogo que tiene el cocinero con los patos, las gallinas, los cerdos, los conejos y los faisanes (yo le añadiría los cuyes y las vacas). El cocinero parte diciendo: Les he reunido en esta ocasión para hacerles solo una pregunta, y solamente una pregunta. El silencio y la expectativa imperaron entre los animales presentes en la sala (cocina, para nosotros). ¿Con que salsa desean ser cocinados? Fue la pregunta que efectuó el cocinero. El silencio posterior no puede compararse con el primero. El ambiente se llenó de pesadez y desaliento extremos. De repente una humilde gallinita, tímidamente rompió el silencio diciendo: “Yo no quiero ser cocinada”. La respuesta de los demás animales no tuvo tiempo de manifestarse, porque enérgicamente el cocinero (a quienes los animales solo conocían como “el señor de blanco con sombrero elegante”) ¡¡NO, ESO ESTÁ FUERA DE DISCUCIÓN. USTEDES SERÁ COCINADOS DEFINITIVAMENTE, SOLO PUEDEN ELEGIR LA SALSA EN LA QUE SERÁN COCINADOS!!

El cuento termina ahí, hasta donde lo conozco, y me deja una sensación de que “esta historia me resulta familiar”. Me parece que esta historia me resulta familiar a mí desde Perú, a los argentinos, a los ecuatorianos, a los bolivianos, venezolanos, colombianos, panameños, costarricenses, hondureños, nicaragüenses, salvadoreños, cubanos y mexicanos, estos últimos tan cerca del cielo y del infierno al mismo tiempo. Esta, mis amigos y amigas, me parece que es la historia de América Latina en el escenario económico mundial. Siento como si los poderosos (blancos, ricos, norteños, etc) estuvieran jugando a los dados o a las cartas, y nosotros seamos parte del juego… somos las piezas que se juegan, no somos los jugadores. Estamos en la mesa de juego, somos subastados, vendidos y comprados, NO estamos en la silla tomando decisiones ni jugando.

El modelo que recibimos y que aceptamos implícitamente en nuestras iglesias (lo aceptamos en la medida que no lo pensamos, ni ofrecemos objeción, no lo criticamos ni lo acusamos, ni lo censuramos; lo recibimos y nos callamos) es el mismo modelo egoísta, antibíblico y satánico que ignora el concepto de sociedad (como asociados) y nos convierte en un conjunto de individuos compitiendo cada uno contra el otro, la otra. Genera hombres y mujeres atados al dios yupi del Neoliberalismo, que no es otra que MAMÓN modernizado. Este nuevo “dios” de este “siglo” o del “mundo”, o dicho en términos seculares, este nuevo “modelo” de “mercado” que está vigente desde que tengo uso de razón (hace un par de décadas) al que desde el Papa Juan Pablo II (que tildaba de “capitalismo salvaje”) hasta los monjes mendigos de la India han criticado hasta la el hartazgo, es el mismo modelo que nosotros, los evangélicos ilusos hemos adoptado para que nos cobije.


Nuestros hermosos templos, nuestros espléndidos conciertos, y nuestra maravillosa literatura se sustentan bajo el MODELO DE MERCADO. ¡Le damos nuestra bendición! Arremetemos contra los demonios chiquitos como el vicio, el tabaco, la cerveza, pero dejamos pasar a los demonios mayores como la corrupción, la intolerancia, la discriminación, el racismo, el abuso contra los más vulnerables, el maltrato a la creación de Dios. Nos llenamos la boca de bendiciones, y nos alegramos al ver versículos bíblicos atestando el Facebook, pero no movemos un dedo para atacar la corrupción, para denunciar a los abusivos. El testimonio bíblico en boca de los profetas y del mismo Jesús, quien cita a Isaias 61, hablando del día del Señor. El día de la liberación. Liberación del pecado, si! Por supuesto, pero no solo de las faltas morales personales, sino también en procesos colectivos. Así fue leído y entendido en su momento, el mensaje de Jesús por los esclavos negros norteamericanos. Así fue entendido el mensaje liberador del maestro (rabí) Jesús de Nazareth, por sus paisanos palestinos que hasta ahora padecen los estragos de la guerra. La liberación también de la ignorancia, de la opresión, del abuso por parte de nosotros/nosotras mismas y/o de otros u otra. La liberación que los evangélicos en Latinoamérica hemos callado, es la que se manifiesta en los países más pequeños… como Islandia.

Islandia es un país chiquitito en el mapa, que a veces ni recordamos que existe. Es una isla fría, rodeada del frio mar del norte, cuya población bien instruida iba a ser víctima de los banqueros, por firma de sus gobernantes. La población (subrayo BIEN INSTRUIDA) salió a las calles a protestar, porque el gobierno iba a firmar un pagaré que terminarían pagando ¡no desde el Estado! Sino que la deuda recaería directamente en cada uno de los pobladores de la isla. Resultado de las manifestaciones populares, el gobierno desistió dicha acción.

La educación es la GRAN herramienta (no arma) para poder emprender cambios. Pero necesitamos la valentía para poder decir no. La misma valentía que utilizamos para rechazar enérgicamente al pecado. No necesitamos otra valentía, no necesitamos armas, ni grandes planes. Necesitamos la valentía de pararnos frente a los nuevos poderes reales, a las grandes transnacionales que son quienes manejan a los gobiernos (tienen presupuestos superiores a los de muchos gobiernos, incluido el Perú) y decirles en su cara NO CEDEREMOS. NUESTRA GENTE NO PUEDE SEGUIR SIENDO PISOTEADA. NUESTROS NIÑOS NO PUEDEN SEGUIR LLENANDO SUS PULMONES DE PLOMO. NUESTROS RIOS NO PUEDEN SEGUIR RECIBIENDO EL MERCURIO DE SUS MINAS. Y como creyentes en Cristo Jesús, podemos hacerlo, y debemos hacerlo, porque no nos fue dado espíritu de cobardía, sino de poder, amor y dominio propio (2 Tim 1.7). Ejerzamos este poder para hacer frente al mal, que frontalmente nos trae hambre y violencia. Para que nuestras oraciones no sean estorbadas, porque vimos la necesidad, vimos la maldad, y no hicimos nada. Nos convertimos en cómplices con nuestro silencio.

"El hacer justicia y derecho es más deseado por el SEÑOR que el sacrificio."

Pr. 21.3 (Versión Biblia de las Américas)

SELAH

Anubis

viernes, 10 de febrero de 2012

¿Escribir o quedarnos callados?

Que los cambios son tan absolutamente rápidos en esta sociedad contemporánea, nadie lo pone en duda; pero que al final lo único que nos importe en la vida es que las cosas funcionen, tengan impacto mediático y la gente se las trague, ya me parece demasiado. Y lo digo por el manoseo que vienen sufriendo en la actualidad temas como la dignidad humana, los orígenes de la violencia en el Perú de los ochenta y la vigencia de los Derechos Humanos en pleno siglo veintiuno.

Entiendo que el tema de las convicciones pueda pasar a un segundo plano cuando de la supervivencia material se trate. Entiendo que tanto en materia política como teológica los antiguos "purismos" hayan pasado a la historia y hayan cedido el paso al pragmatismo inmediatista de los tecnócratas de áureas mediócritas de nuestro tiempo. Profundizar parece un lujo o un bien innecesario cuando con un toque de superficialidad y un manejo de la imagen pública se pretenden lograr protagonismos de papel, visibilidades oportunistas y liderazgos caudillistas que me hacen acordar que seguimos repitiendo "los errores de los viejos" como a muchos les gusta decir.

Por eso, a veces siento que mejor no escribir más, cerrar la fábrica, ceder el paso a las nuevas generaciones y quedarnos callados, como muchos y muchas de nosotros/as lo hacemos bajo la protección de nuestros castillos, nuestras torres de papel desde donde contemplamos el mundo, jugamos a ser el pequeño reyezuelo que desde su computadora con internet y su celular con blackberry, se imagina que dirige el mundo.

Bueno, parece que en América Latina, pedazo del mundo que tiene problemas de memoria, se necesita que intentemos poner en orden nuestros laberintos de manera colegiada. Que volvamos a mirar a los demás más allá de la seguridad de nuestras instituciones y espacios de poder y que tengamos la capacidad de revisar nuestras convicciones y aprender a dejarnos guiar por ellas y no sólo por el vil metal o el aplauso popular.

Los verdaderos mafiosos de este mundo son los que lucran con nuestro silencio, son los actuales profetas de calamidades que pintan todo como una gran tragedia para que sus propias tinieblas y sus mezquindades parezcan fuentes de luz, en comparación. Hay que tomar distancia de la crítica de quienes se aprovechan de esta situación, candidatos a coprófagos profesionales que luego sucumben bajo las tentaciones del poder cuando reciben algún encargo de medio pelo de la camarilla política, de la agencia financiera o de la Junta Directiva de la empresa de turno en donde recogen sus huesos.

La educación ciudadana de la Iglesia Evangélica, proyecto con el que nos encontramos comprometidos, acompañando a la Iglesia en su largo recorrido hacia la sociedad civil, necesita y requiere que busquemos los consensos que alguna vez impulsaron nuestras acciones en procesos que creímos y respetamos durante nuestra juventud. Que tomemos lo mejor de estos procesos y que empecemos a pensar la realidad no bajo las categorías de los años pasados sino con la capacidad visionaria y la pasión transformadora que no tiene edad, ni género, ni raza.

Termino haciendo una pregunta, parafraseando una escena de la película "El Señor de los Anillos": ¿Estaremos en condiciones los que no nos hemos juntado desde hace muchas lunas, de volvernos a reunir como los ent en el bosque de Fangorn y proponer una ruta hacia Isengard? ¿Podremos producir una palabra alternativa a los temas de derechos fundamentales que están hoy día amenazados por la superficialidad, la desinformación y la mala intención? No se juegan pocas cosas en una situación como esta. En gran sentido la credibilidad de los evangélicos/as en el país y el Continente y la pertinencia del mensaje cristiano para la vida de las personas en general, es el horizonte, la motivación para superar muchas de las diferencias y afirmar la vida, la ciudadanía y el Reino de Dios en el país y en América Latina.

miércoles, 12 de enero de 2011

La Cinta Blanca


Hace unas semanas fui a ver la película Das weiße Band “La Cinta Blanca”, del director austriaco Michael Haneke. Aviso para el lector: este post estará lleno de spoilers *1 sobre dicho film. La película en mención fue ganadora de la Palma de Oro del Festival de Cannes, del Globo de Oro y obtuvo una nominación al Oscar a la mejor película extranjera del 2009.

Esta película llegó a nuestra cartelera casi como un “bicho raro” del cine por su propuesta temática, por haber sido filmada en blanco y negro, por los diálogos en idioma alemán y por la ausencia de música durante toda la película. Para decir la verdad ni siquiera en los momentos de la presentación de los nombres de los actores se escucha una sola nota musical durante la función. La única melodía que escucharemos en el film es el cántico del coro infantil de una iglesia protestante en un pueblito tradicional y rural de la Alemania previa a la Primera Guerra Mundial, lugar donde se desarrollan los hechos. La canción que se escucha –como no podía ser de otra manera- es el himno protestante “Castillo Fuerte es Nuestro Dios” y forma parte de la lógica fundamental de la propuesta argumentativa y del simbolismo que el realizador austriaco quiere presentarnos, como veremos de inmediato.

Hasta lo que he contado muchos de nuestros lectores no sentirán demasiada motivación por ver una película como ésta. Sin embargo, luego de superar estas diferencias que nos sorprenden en el inicio de la misma, la película va atrapándonos en una trama en la que se destaca la asfixiante presencia de una matriz cultural protestante que atraviesa y condiciona la existencia de los habitantes del pueblo. Al inicio, como evangélicos, nos sentimos interesados y atraídos por la vida de una comunidad como ésta, donde el sentido común religioso de las personas está impregnado de la vitalidad del protestantismo, pero luego con el transcurso de la película uno se siente incómodo con lo que está viendo, hasta el punto tal, que sentimos la necesidad de revisar nuestra fe y práctica a la luz de lo que estamos presenciando.

En síntesis, ¿de qué trata la película? Lo que yo aprecio y entiendo de ella es la manera en la que esta matriz cultural y religiosa de cuño protestante influenció perjudicialmente en la vida de los hijos, de los niños y niñas de esa comunidad, convirtiéndolos en seres maltratados, afectados física y psicológicamente por el autoritarismo, la disciplina represiva, la falta de relaciones igualitarias, de un pueblo lleno de gente jerarquizada y rígida, que lleva a los niños, a los hijos e hijas de los diferentes personajes del pueblo, a cometer actos de castigo ritual, violencia macabra y ensañamiento contra adultos e incluso contra otros niños más débiles del mismo pueblo. Como si fuera un juego de roles, estos niños organizados en torno a su asistencia a la escuela del pueblo y a la iglesia, van realizando una suerte de transferencia psicológica de toda esa sórdida y violenta disciplina de la que son objeto y en el limite de su resistencia deciden aplicar el mismo dolor y castigo a niños mas pequeños que ellos.

Si tomamos en consideración el contexto de la película, el director nos introduce a reflexionar en torno a los orígenes de la violencia en una generación que algunos años después haría del nazismo su bandera ideológica y que generalizaría propuestas de dominación, discriminación y ejercicio de la violencia contra otras personas, durante la Segunda Guerra Mundial.

Descubrir que el mal moral en el mundo puede estar auspiciado por la exacerbación de la experiencia y la disciplina religiosas nos escandaliza en el momento de ver la película y luego nos lleva a meditar sobre nuestro propio presente y las posibles consecuencias de las maneras en las que hoy la Iglesia y las familias evangélicas organizan su práctica formativa para los niños y niñas.

Cuando hacemos memoria de los diálogos que se desarrollan en el film sobre la sexualidad, (por ejemplo el diálogo en torno a la masturbación, es insuperable), la exigencia moral relacionada con la obediencia incondicional a las autoridades, la negación del principio del placer en la vida de las personas, la violencia de género en contra de las mujeres, etc, todos estos elementos juntos nos hacen ver la vigencia de la temática planteada por la película vinculando todo esto con la realidad de los espacios evangélicos en los que nuestros hijos están creciendo en la actualidad. Y uno termina sintiendo miedo.

Y para redondear mi lectura sobre la matriz cultural y religiosa de esta película –la cual evidentemente no quiso ser nunca una película sobre la religión exclusivamente- diré que, materialmente hablando, el uso de la “cinta blanca” es semejante a una especie de “detente” o “escapulario” comprendido desde el imaginario religioso católico, o un “anillo del pacto” leído desde la cosmovisión religiosa de algunas iglesias carismáticas evangélicas que lo promueven. Esta práctica de religiosidad popular carismática tuvo su momento mediático de protagonismo público en el momento en que artistas juveniles de Disney se pronunciaron a favor de su uso *2

En todo caso, la “Cinta Blanca” no es otra cosa que una cinta de tela blanca que los padres colocaban en la ropa de los niños y que sirve como una mediación física, un amuleto perverso que les ayudaría teóricamente a los hijos e hijas de dicho pueblo a aceptar la disciplina militar y el abuso contra sus personas con una buena disposición, invocando a Dios como garante y legitimador de dicho abuso.

La cinta blanca, es la cinta de la "pureza", la limpieza; la cinta de la ausencia del placer; la cinta de la religión que nos despersonaliza, nos automatiza y que niega nuestra humanidad; la cinta de la esclavitud a los rudimentos y los legalismos de este mundo; es la cinta que representa la devoción a la palabra del líder, la negación de nuestro sentido de crítica o de participación en la conducción de la vida de la Iglesia y lo que es peor, en la conducción de nuestras propias vidas.

La Cinta Blanca es la cinta que cada discípulo auténtico de Cristo debe aprender a cortar. De la misma manera como el cordón umbilical es cortado en los orígenes de nuestra vida física, separándonos del útero materno, cortar la cinta blanca es la única manera en que podemos llegar a convertirnos en personas auténticas, responsables y con capacidad para expresar libremente nuestra voluntad de adoración a Dios en gratuidad, sin la presencia de un cancerbero físico o simbólico que supuestamente nos conduzca a un nivel más elevado de la fe.

La película la Cinta Blanca nos deja con un sinsabor al final de la misma; una cosa agria que no termina de pasar desde nuestros ojos, luego por nuestra mente y finalmente hacia nuestro corazón. Y nos sentimos así porque como evangélicos no estamos del todo alejados de la realidad que la película nos ha retratado. Por el contrario, nos hemos sentido preocupados como Iglesia por las consecuencias nefastas de una educación religiosa, escolar o familiar, que pueda terminar produciendo seres humanos con un nivel tan grande de afectación como los que hemos visto en esta película.

Al abandonar la sala, empezamos a traer a nuestra mente escenas de las que nosotros mismos hemos sido protagonistas; escenas en las que hemos respondido con violencia inusitada a las presiones de una moral hipócrita o legalista y también hemos visto reflejadas algunas conductas de nuestros compañeros de ruta en los caminos del Señor. Empezamos a entender por qué algunas personas reaccionan con tanta violencia física o simbólica ante las menores presiones o circunstancias adversas. Y es que las cintas blancas que muchos tenemos todavía colgadas en nuestras vidas, nos aprisionan y asfixian, no permitiéndonos ser ese modelo de humanidad que Jesucristo promete y desafía a sus seguidores. Quiera el Señor librarnos del yugo de las Cintas Blancas sobre nuestros cuerpos, nuestras mentes y nuestras vidas. Así sea.

*1 “Spoiler”, viene del inglés “to spoil” y significa echar a perder y se refiere a que en el documento se va a hablar sobre la trama de alguna película o serie, de tal forma que si no la has visto te abstengas de leerlo para que no te adelanten el final o detalles importantes. conexionesinconexas.com/terminos-de-internet/

*2 http://www.boomker.com/noticias-cristianas/artistas-juveniles-de-disney-prometen-llegar-virgenes-al-matrimonio/


lunes, 25 de octubre de 2010

Día de la Reforma Protestante


ACTUALIDAD DE LA REFORMA PROTESTANTE

Herencia, identidad y desafíos de los evangélicos

Hace 493 años, el 31 de octubre de 1517, un manifiesto de libertad contra la opresión religiosa y política se colocó en la puerta de la capilla del castillo de Wittenberg, Alemania. Un monje agustino, Martín Lutero, clavó sus 95 Tesis en ese lugar público. Ese evento es recordado desde entonces como el Día de la Reforma Protestante. ¿Cuales fueron los principios cardinales de la Reforma Protestante? Los siguientes:

  • Sola Scriptura: Debido a que la preocupación principal de la Reforma Protestante fue la Gloria absoluta de Dios (solo Deo Gloria), se vindicó el honor de la Palabra de Dios como norma exclusiva y determinativa de toda la enseñanza de la iglesia, y como la autoridad soberana, plena e infalible para la vida y misión del pueblo de Dios.

  • Solo Christo: La Reforma Protestante afirmó la perfecta y completa suficiencia de la obra redentora de Cristo. Su muerte expiatoria en la cruz fue entendida como única, suficiente e irrepetible.

  • Sola Gratia: La Reforma Protestante destacó también el gozo cristiano de la seguridad personal de la salvación, no por la naturaleza meritoria de las obras, sino solamente por la gracia de Dios y la Sola Fide en Cristo (Solo la fe).

  • El sacerdocio universal de todos los creyentes: La Reforma Protestante subrayó que todos los creyentes eran iguales delante de Dios, estaban llamados a ejercer el libre examen de las Escrituras y tenían que dar gloria a Dios con sus vocaciones particulares.

Sin perder de vista estos principios sobre los cuales se estructura la identidad evangélica, se tiene que subrayar que la Reforma Protestante no tiene que ser vista solamente como un evento histórico, anclado en el pasado, para ser guardado en la memoria. Es cierto que un 31 de octubre de 1517 comenzó la Reforma Protestante. Sin embargo, no es un evento terminado, definitivo o concluido. La Reforma Protestante es una conjunción de principios que sitúan a las iglesias, dentro de cualquier coyuntura histórica, en una actitud de permanente examen de su vida y misión. Esta es la razón por la cual los Reformadores afirmaban lo siguiente: Ecclesia reformata quia semper reformanda (iglesia reformada siempre reformándose).

A la luz de los principios de la Reforma: ¿Cómo nos encontramos actualmente los evangélicos latinoamericanos y, particularmente, aquellos que en el Perú nos reconocemos como herederos de la misma y tenemos en nuestra base doctrinal sus principios claves como ingredientes insustituibles del piso común de nuestra identidad evangélica? ¿Estamos siendo fieles a nuestra herencia reformada o ella se ha ido desfigurando, diluyendo y distorsionando en los últimos años, debido a la introducción de prácticas ajenas a la identidad evangélica? Veamos.

1. ¿Sola Scriptura?

Hasta hace poco tiempo a los evangélicos se les conocía en América Latina como el pueblo del libro, haciéndose así referencia al lugar central que tenía la Palabra de Dios en la vida y misión de las iglesias y de los creyentes. Sin embargo, durante la ultima década, un preocupante y creciente analfabetismo bíblico, unido a una pérdida de memoria de lo que significa e implica ser evangélico, parece haberse instalado en buena parte de la comunidad evangélica.

¿Qué ha pasado? La Palabra de Dios se ha vuelto prisionera de esquemas teológicos manufacturados por predicadores de masas bastante populares y por pastores poco informados en asuntos básicos de teología evangélica así como por las estrategias de crecimiento numérico que se presentan como nuevas revelaciones. La Sola Scriptura ya no es, en este contexto, la autoridad suprema para todo asunto de doctrina y conducta. El pozo del que beben pastores y miembros de buena parte de las iglesias evangélicas son los manuales de autoayuda, los discursos motivacionales, las técnicas de mercadeo religioso, la tecnología de punta, los principios administrativos contemporáneos, entre otras herramientas de factura humana, que se presentan como necesarias para tener eficiencia y eficacia en la gestión pastoral.

¿Qué mas? Influenciados por la sociedad de consumo, el evangelio se ha convertido en un producto más del mercado religioso contemporáneo, abaratándose de manera escandalosa las demandas del discipulado para lograr mayor rentabilidad bajo el esquema de costo-beneficio. La Sola Scriptura queda entonces a un lado, o en el mejor de los casos, viene a ser un referente mas, entre otros, sobre los cuales se sustenta la vida y la misión de las iglesias y de los creyentes. ¿Podemos seguir afirmando que somos herederos de la Reforma Protestante?

2. ¿Solo Christo?

En la polémica con el catolicismo romano presente en nuestras tierras, y a diferencia de éste, para los evangélicos, la persona y la obra de Cristo era central en su afirmación de fe y la médula de su identidad en un contexto de catolicismo romano nominal, cultural y de estadística. Pero en este tiempo de “retorno a lo sagrado”, con un mercado religioso cada día más diversificado y seductor, otros mediadores deambulan en sus lugares de culto presentándose como los “ungidos” de Dios para este tiempo, como los “apóstoles” en los cuales se concentra la voluntad de Dios para la iglesia, o como los únicos voceros autorizados que controlan las acciones de Dios dentro y fuera de las iglesias.

Estos nuevos mediadores, mesías con pie de barro, exigen obediencia absoluta y actúan como autócratas con poderes ilimitados. Para estos mesías humanos, el evangelio es solamente un negocio muy rentable y muy útil para engrosar sus cuentas bancarias y para sufragar el costo de su estilo de vida como “hijos del rey”, y los miembros de las iglesias simples “peones” a su servicio. Estos personajes han maniatado y secuestrado a Cristo, lo han encerrado en los templos, y solo lo sueltan en las horas de culto para que legitime y sacralice sus creencias y sus prácticas ajenas y contrarias a la fe evangélica.

¿Solo Christo? Lamentablemente, un número cada vez mayor de iglesias, pastores y miembros de las iglesias evangélicas, tienen a Cristo como un lindo recuerdo, un amuleto religioso, un pretexto para enriquecerse o un instrumento de opresión religiosa y política. Cristo ya no es el centro del anuncio del evangelio. Esto es así, porque lo que se trasmite actualmente no es el evangelio del reino de Dios y su justicia, sino un producto religioso adaptado al gusto del cliente ocasional y digerible para los operadores políticos y religiosos del sistema predominante.

3. ¿Sola Gratia y Sola Fide?

Para los evangélicos que afirman la gracia cara y no la gracia barata, la salvación tuvo un altísimo costo, pero se ofrece gratuitamente a quienes por la fe en Cristo aceptan el llamado al seguimiento y las exigencias éticas del evangelio del reino de Dios y su justicia. Pero en este tiempo, a la Sola Gratia se le ha puesto un precio y la Sola Fide ha sido reemplazada por ciertas “penitencias” impuestas por los “ungidos” de Dios. Este parece ser el piso común en un número creciente de iglesias evangélicas influenciadas por esquemas teológicos provenientes del mercado religioso contemporáneo afincado en Norteamérica.

Los Juan Tetzel de este tiempo, como aquel oscuro monje que vendía indulgencias en el siglo XVI, comercializan actualmente objetos sagrados como el agua del río Jordán o la rosa de Sarón, ofrecen prosperidad económica a quienes “siembren” dinero para sostener los ministerios de predicadores mediáticos, ofertan penitencias para crecer en la vida cristiana en “torres o montañas de oración” o en jornadas de ayuno de cuarenta días, y su lema favorito parece ser “tómalo-reclámalo”. Ya no se trata entonces de la Sola Gratia y de la Sola Fide. La “gracia”, según el esquema teológico de los émulos contemporáneos de Juan Tetzel, cuesta dinero y depende de ciertas penitencias; y la fe no basta, porque se requiere comprar las indulgencias que se ofrecen a diversos precios y para todos los gustos.

4. ¿Sacerdocio de todos los creyentes?

Este principio cardinal de la Reforma que fue muy bien asimilado y aplicado por las iglesias pentecostales de diverso trasfondo histórico, paso a paso, fue dando lugar a burocracias eclesiásticas, personalidades carismáticas ungidas, apóstoles y profetas, predicadores mediáticos y expertos en el manejo de las masas. El pueblo de a pie se fue convirtiendo en espectador pasivo, masa de maniobra para fines electorales, dato estadístico manipulable según los intereses de los burócratas eclesiásticos o de los predicadores de masas, y botín de guerra para ser repartido entre los modernos encomenderos religiosos.

Difícilmente se puede afirmar que en todas las iglesias evangélicas que se consideran a sí mismas como herederas espirituales de la Reforma Protestante, el sacerdocio de todos los creyentes es valorado, enseñado y practicado. Es urgente recuperar este principio de la Reforma Protestante, particularmente, para que los miembros de las iglesias evangélicas ya no sigan separando lo secular de lo espiritual y lo sagrado de lo profano. Mas aun, para que entiendan que con sus vocaciones y profesiones seculares están llamados a dar Gloria a Dios, siendo buenos ciudadanos y excelentes profesionales, con su mirada puesta en el bien común de evangélicos y no evangélicos y en la consolidación de una democracia de ciudadanos plenos.

Lima, 21 de Octubre del 2010

Darío A. López Rodríguez

DNI 08967286

jueves, 14 de enero de 2010

Cuando Se Acaba el Concierto


Cultura y Sociedad


¿Con qué se encuentra comprometida la juventud evangélica en estos días? me he preguntado. No he podido obtener una respuesta satisfactoria. Empecé, entonces, a rastrear algunas pistas tratando de encontrar algunas respuestas.

Encontré un grupo mayoritario de nuestra juventud evangélica super comprometida con sus trabajos eclesiales y denominacionales. En la mayoría de nuestras congregaciones y mega iglesias hay grupos organizados que promueven el desarrollo de "ministerios y especialidades juveniles". Esto es como reproducir la lógica del templo pero en perspectiva más atrevida, más osada con la música, el uso de los medios, las escenografías. Muchos de nuestros chicos y chicas mueren y matan su juventud en estos espacios, convirtiendo estos espacios en pequeñas o grandes burbujas prefabricadas con la idea de proteger a nuestra juventud de los vicios y el mundo malo que se encuentra allá afuera.

El periscopio de lo cristiano se eleva levemente por encima del mar de las tentaciones ya no para plantear su tradicional negación del mundo de manera radical, sino mostrando al joven cristiano y al que no lo es, que dentro de la nueva cosmovisón evangélica se puede disfrutar, pasar un buen rato y tener amigos en un ambiente distinto a los que ofrecen los programas de nuestra juventud no evangélica los sábados por la noche. No se trata de negarse nada sino de encontrar una nueva forma de convocatoria para nuestra juventud tan ansiosa de nuevas experiencias y nuevas sensaciones.

El segundo grupo que he descubierto de juventud evangélica es el de las comunidades alternativas. Surgen grupos de jóvenes creyentes, quienes, tomando como referente la música, el arte, la rebeldía juvenil, la amistad, los deportes, etc, fundan y forman comunidades de creyentes que intentan romper con la idea de estructuras verticales que se les imponen y buscan en estos nuevos espacios la construcción de algo distinto, aunque no se sepa bien qué sea lo distinto. Hay una intuición que ese mundo que está allá afuera no es sólo el mar de peces a donde nos dirigimos cuando queremos salir de pesca el sábado por la noche. El mundo tiene sus espacios en donde la juventud evangélica puede aportar algo, puede expresar su propia forma de ver la vida. Existe en estos grupos la idea incipiente que hay un sentido de responsabilidad hacia nuestra casa común, hacia el mundo y que el creyente maduro no es precisamente el que se esconde y se corre de los desafíos que la realidad le propone. Aún cuando muchas veces los discursos paternalistas desde dentro de las iglesias han tratado de desanimar y desalentar cualquier intento de transformación del mundo, esta juventud evangélica que rompe con la programación establecida, avanza como a tientas buscando lo que no está segura si va a encontrar, y algunos se pierden en esta búsqueda...

El tercer grupo que he encontrado es el de jóvenes evangélicos organizados que quieren tomar "al toro por las astas". Jóvenes que quieren realizar Proyectos Misioneros Transformadores, como los del Instituo para la Misión Transfromadora; jóvenes que se ponen metas para incidir en la esfera pública, como nuestros amigos de la Mesa Evangélica Juvenil; jóvenes evangélicos que se abren a la oportunidad de juntarse con jóvenes de otras confesiones de fe para hacer cosas juntos en torno a ideales y valores comunes, como los de la Red Juvenil Interreligiosa; o jóvenes que han retomado las banderas de la "misión integral" para afirmar que son jóvenes "Sin Miedo a Soñar", como dice el slogan del proyecto de la Red Miqueas.

Para algunas personas estos jóvenes han perdido el sentido de la vida cristiana al gastar y "desperdiciar" su vida en torno a ideales de transformación de las cosas de este mundo. Pero "este mundo" es el plano en el que se concretizan nuestros más altos ideales. La cara del pobre, la cara del prójimo es el espacio privilegiado en el que encontramos el rostro de Dios de manera concreta, y los espacios de servcio que hacemos aun a las personas más sencillas en nuestros países, son las marcas de nuestro apostolado, las marcas del servicio cristiano y del ejemplo de Jesús, más allá de los discursos.

¿Dónde está la juventud evangélica hoy?

Me olvidaba de los que se quedan en su casa, en la comodidad de un cristianismo casi anónimo que no testifica, que no se moviliza, o los que juegan a la política buscando los primeros lugares o los espacios de poder a nivel denominacional o a nivel internacional, son semejantes a esos otros jóvenes que por falta de discipulado o de compromiso cristiano juegan con estar un pie firme en los valores del Reino y un pie firme en los valores de Mammon. Muchas veces son número, son masa, pero no marcan la diferencia. ¿Dónde estás tu? ¿Dónde crees que Jesús te llama a estar?

viernes, 10 de julio de 2009

Artículo de Opinión

¿Es bíblico tener apóstoles hoy? Por: Juan Stam

Para enfocar este tema, es necesario primero analizar los diferentes usos de la palabra griega apostolos. El término se deriva del verbo apostellô, que significa simplemente "enviar". Por eso, (1) el sentido más general de apostolos, como en Juan 13:16, es cualquier persona enviada en cualquier misión (recadero, mandadero). Un aspecto más específico de este sentido (2) ocurre en 2 Cor 8:23 y Fil 2:25 cuando mencionan "los mensajeros de las iglesias" (apostoloi ekkêsiôn), como delegados comisionados por las congregaciones para alguna tarea. En tercer lugar (3), la palabra significa "misionero", que es el equivalente en latín (del verbo mitto, misi, "enviar"). En este sentido Jesucristo es el "misionero" enviado por Dios (Heb 3:1). Como veremos más adelante, Cristo no era "apóstol" en el mismo sentido que los doce, sino como "enviado" y "misionero" del Padre y prototipo de la misión de la iglesia (Jn 20:21; Mr. 9:37; Mt 10:40; Jn 13.20: Jesús es el Enviado del Padre). El cuarto sentido (4) es lo que generalmente entendemos por "los apóstoles", como Pedro, Pablo y los demás. En ese aspecto, el término podría llamarse un título, de una primacía en cierto sentido jerárquica.[1]

Dados estos diversos sentidos de la palabra "apóstol", es necesario en cada texto bíblico determinar cuál de ellos se está empleando. Serios problemas resultan cuando se confunde un sentido con otro. Los "apóstoles" de hoy toman pasajes donde el término significa "misionero" pero los aplican en el otro sentido y quieren atribuirse los títulos y autoridades de los doce y de Pablo. La iglesia católica hace algo parecido con su " sucesión apostólica" a través de los siglos. Según el Nuevo Testamento, los apóstoles no tienen sucesores.

El trasfondo judío: El apostolado del Nuevo Testamento se basó en una práctica judía de designar un emisario, llamado ShaLiaJ, con plenos poderes para representar a quien lo había enviado (Esd 7:14; Dn 5:24; cf 2 Cron 17:7-9). El ShaLiaJ era una especie de plenipotenciario ad hoc. Eran comunes las fórmulas legales como "el que te recibe a tí me recibe a mi", "lo que ustedes atan en mi nombre lo he atado yo" y muchos otros parecidos, que aparecen también en el Nuevo Testamento (Mr 9:37; Mt 16:19; Lc 10:16; Jn 13:20; 20:23). La comisión del ShaLiaJ era para una tarea específica y no era transferible a otras personas.

El paradigma definitivo, Hechos 1: Después de suicidarse Judas, los discípulos sentían la necesidad de completar el número doce, como paralelo con las doce tribus de Israel. Con ese fin, guiados por el Espíritu Santo, definieron los requisitos indispensables para incorporarse en el apostolado. La elección se limitó a "hombres que han estado juntos con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesús entraba y salía entre nosotros, comenzando desde el bautismo de Juan hasta el día en que entre nosotros fue recibido arriba" para que "uno sea hecho testigo con nosotros, de su resurrección" (Hech 1:21). Además, la selección fue hecha por Cristo mismo (1:24; cf. 1:2). Veremos en seguida que todas estas mismas condiciones se aplican al caso de Pablo.

Ese texto, y otros, muestran que para ser apóstol en el mismo sentido que los doce y Pablo, era requisito indispensable haber sido testigo ocular y presencial del ministerio de Jesús (Hechos 1:21-22; cf. 1 Jn 1:1-4) y de su resurrección (Hch 10:40-42; 1Co 15). Por supuesto, tal cosa sería imposible después de morir los contemporáneos de Jesús. La iglesia ahora es "apostólica" cuando es fiel al testimonio de ellos, que tenemos en el Nuevo Testamento, y cumple así su "apostolado" misionero. Sobre el fundamento de ellos Cristo sigue construyendo la iglesia (Efes 2:20).

Es importante reconocer que esta sustitución de Judas por Matías es el único reemplazo de un apóstol, precisamente para completar el número de doce. Matías no era sucesor de Judas sino su reemplazo. Después, al morir los doce y Pablo, ni el Nuevo Testamento ni la historia de la iglesia narra la elección de algún sucesor de alguno de ellos. Al morir el apóstol Jacobo, nadie le sucedió o reemplazó (Hech 12:2). El grupo quedó cerrado, como es evidente en Apocalipsis 21:14. Obviamente, en esas puertas de la Nueva Jerusalén no aparecerá el nombre de ninguno de nuestros apóstoles de hoy.

Toda esta evidencia bíblica deja muy claro que para ser apóstol, el candidato tenía que ser alguien del primer siglo. Nadie después del primer siglo podría haber sido testigo presencial del ministerio de Jesús y de su resurrección. Ese requisito descalifica de antemano a todos nuestros "apóstoles" de nuestros tiempos modernos.

El apóstol Pablo: El apostolado de Pablo fue severamente cuestionado, precisamente porque él no había sido uno de los discípulos, como requiere Hechos 1, aunque sí era contemporáneo de Jesús y sin duda testigo de su ministerio.[2] Repetidas veces Pablo tiene que defender su llamado de apóstol, pero lo significativo es que lo defiende en los mismos términos básicos de Hechos 1: él también había visto al Resucitado (1 Cor 9:1; 1Cor 15), fue nombrado apóstol no por hombres sino por el mismo Cristo (Gal 1:1,15-17,19; cf. 1 Tim 1:1; 2:7), y él, igual que los doce, había realizado las señales de apóstol y la predicación del evangelio (2 Cor 12:12; cf. Rom 15:18-19). En 1 Corintios 9:1-6 Pablo se defiende contra los que negaban que él era apóstol:

¿No soy apóstol?
¿No soy libre?
¿No he visto a Jesús el Señor nuestro?
¿No sois vosotros mi obra en el Señor?
Si para otros no soy apóstol, para vosotros ciertamente lo soy;
porque el sello de mi apostolado sois vosotros en el Señor.

A continuación, Pablo responde a los que le acusan, afirmando que él tiene los mismos derechos de todos los apóstoles (9:3-6; cf. 2 Cor 11:5,13; 12:11s).

En este contexto, 1 Corintios 15 es especialmente importante. En este pasaje Pablo afirma vigorosamente la fe en la resurrección (15:1-8, 12-58) pero también, menos conspicuamente, defiende su propio apostolado (15:8-11). Después de definir el evangelio como la muerte, sepultura y resurrección de Cristo (15:1-4), Pablo enumera una lista de los que podríamos llamar "los testigos autorizados de la resurrección" (15:5-8): Céfas, los doce, más de quinientos hermanos, Jacob, después todos los apóstoles y al final Pablo mismo. Por eso, de las varias personas que el Nuevo Testamento llama apóstoles, sabemos que tenían que haber sido testigos presenciales de la resurrección.

Está claro que en este pasaje Pablo no está hablando sólo de visiones espirituales, como tuvo él mismo (2 Cor 12) y que tuvieron Esteban (Hech 7) o Juan (Apoc 4-5), que no podrían servir como evidencias de la resurrección corporal de Jesús. El verbo repetido en estos versículos de 1 Cor 15 es "apareció", y el sujeto activo es el Resucitado (cf. Gál 1:16). Eran visitaciones del Señor, apariciones por iniciativa de él, para demostrar la realidad de su resurrección. Se trata de revelaciones corporales como las de Cristo durante los cuarenta días, que constituyeron a sus receptores en testigos oculares del hecho. En ese sentido, Pablo reconoce que su propio caso es una anomalía, pues aunque era contemporáneo de Jesús, no había sido discípulo ni había estado presente con los discípulos durante los cuarenta días. Sin embargo, insiste en que su encuentro con Cristo en el camino a Damasco pertenecía a la misma serie de visitaciones especiales. Por otra parte, Pablo afirma que su encuentro con el Resucitado fue la última de la serie (15:8; cf. 1 Cor 4:9), sin posibilidad de otras. Para mayor énfasis, Pablo afirma que Cristo lo llamó al apostolado no sólo de último sino "como un abortivo" (Gr. ektrômati), una excepción. Pablo era un apóstol "nacido fuera del tiempo normal". No puede haber otros apóstoles después de él.

Otros apóstoles: Este pasaje habla de "todos los apóstoles", además de los doce (1 Cor 15:7), pero todos ellos eran también testigos oculares de la resurrección. En cambio, de líderes que sabemos que no habían participado en esa experiencia, como Apolos y Timoteo, el Nuevo Testamente nunca los llama "apóstol". No podían ser apóstoles sin haber visto al Resucitado (y no sólo en visión mística). Por eso, de todas las demás personas llamadas "apóstol" podemos estar seguros de que habían sido testigos oculares del Resucitado o si no, eran apostoloi sólo en el sentido de "misioneros" o de "delegados congregacionales".

Es muy significativo que tanto los doce como Pablo aplican los mismos requisitos básicos para el apostolado: sólo pueden ser apóstoles los que habían visto al Cristo en su cuerpo resucitado y habían sido comisionados personalmente por él para ser testigos de su vida y resurrección. De estos, el último fue el apóstol Pablo. Los apóstoles cumplieron una función histórica. Obviamente, nadie que no sea del primer siglo puede ser testigo ocular de lo que nunca presenció.

Efesios 4:11: Frente a estas enseñanzas bíblicas muy claras, el mal llamado "movimiento apostólico" apela, sin interpretación cuidadosa, a unos pocos textos. El versículo principal es Efesios 4:11, tomado fuera de contexto. El pasaje completo es una cita modificada del Salmo 68:18 con introducción y conclusión:

Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia
conforme a la medida del don de Cristo.
Por lo cual dice:
Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad,
y dio dones a los hombres.
Y eso de que subió, ¿qué es, sino que también había descendido primero
a las partes más bajas de la tierra?
El que descendió, es el mismo que también subió
por encima de todos los cielos para llenarlo todo.
Y él mismo constituyó a unos, apóstoles;
a otros, profetas;
a otros, evangelistas;
a otros, pastores y maestros.

El tema de Efesios 4:7-16 es la unidad de la iglesia con su diversidad de dones, todo orientado hacia el crecimiento del cuerpo (4:13-16). Pablo introduce este tema con una cita del Salmo 68, uno de los salmos más difíciles y con complicados problemas textuales. Pero el tema central de ese salmo está claro: Dios es un poderoso guerrero (68:35) que en diversos momentos ha descendido a la tierra para liberar a su pueblo (68:11-14,20-21) y después de su triunfo, sube al monte Sión (o al cielo) llevando cautivos (68:15-18,24,29,35) y reparte el botín entre su pueblo (68:12,18). Pablo adapta la cita en varias formas, especialmente cambiando "tomaste dones" (Sal. 68:18) en "dio dones" (Ef 4:8), para aplicar la cita a la ascensión de Cristo y la venida del Espíritu con sus dones. Al volver al cielo, el Cristo vencedor repartió el botín entre su pueblo. El énfasis cae sobre la ascensión de Cristo, el momento histórico-salvífico en que el Resucitado victorioso envió el Espíritu como botín de su triunfo.

El verbo "constituyó" (4:11, edôken, "dio") es un pretérito punctiliar, que describe algo que Cristo hizo cuando ascendió, conforme también al modelo del Salmo 68. No dice absolutamente nada sobre el futuro, si Cristo seguiría dando apóstoles a la iglesia, hasta su segunda venida, como podrían haber sugerido otros tiempos verbales. Como comenta I. Howard Marshall en el Comentario Bíblico Eerdmans (p.1389), "Puesto que esta carta vino de una época cuando estaban funcionando apóstoles y profetas, es imposible sacar alguna conclusión desde este pasaje sobre su continuación o no en la iglesia después".

De otros pasajes, como hemos visto, queda evidente que el apostolado no puede haber continuado después de morir los últimos testigos presenciales. En cambio, otros pasajes dejan claro que el don de profecía (y la falsa profecía) continuarían en la iglesia. Al ascender, Cristo dio un don que era de una vez para siempre (apóstoles) y otro que había de seguir hasta su venida (profetas). El llamado apostólico corresponde en eso a su origen en el encargo de ShaLiaJ, que no era transmisible.

Por otra parte, Pablo habla en 2 Cor 11:13 de "falsos profetas (pseudapostoloi), obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo" (cf. Ap 2:2; Didajé 11:3-6) y, quizá sarcásticamente, de "superapóstoles" (tôn huperlian apostolôn, 2 Cor 11:5; 12:11, NVI).

Conclusión: Dos de los grandes vicios de la iglesia evangélica hoy son la sed de poder, prestigio y riqueza de algunos de nuestros líderes, y entre los fieles el culto, ciego y casi idolátrico, a las personalidades famosas. Hay mucha obsesión con títulos, oficios y el poder lucir y ser importante. Se emplean constantemente las técnicas de publicidad y promoción del mundo secular. Eso es totalmente contrario al espíritu de Jesucristo y del evangelio. Mucho más acertado es el viejo refrán, "al pie de la cruz, todos somos párvulos".

Hace unos años, en un foro sobre el tema de los apóstoles, alguien intervino para decir, "Antes era suficiente el título de pastor, pero ahora con las enormes megaiglesias, llamarlos pastor les queda muy corto." ¡Al contrario! Si el título "pastor" les queda corto para ellos, ellos se quedan demasiado cortos para el título de pastor.

[1] Debe mencionarse aquí que en Cuba el término tiene otros matices, dado el papel de José Martí como "el Apóstol" para todos los cubanos. En ese contexto, "apóstol" suele ser una expresión de cariño y respeto pero no de autoridad ni en parangón directa con los doce apóstoles.
[2] Cuando Pablo dice en 2 Cor 5:16 que antes conocía a Cristo según la carne pero ahora no, es obvio que no quiere decir que ignoraba la vida de Jesús. Más bien, está diciendo que antes conocía a Cristo según criterios carnales (kata sarx), pero que ahora como creyente no conoce a nadie según la carne, lo que significa en ambos casos que ya conoce a todos según el Espíritu.

miércoles, 18 de febrero de 2009

EVANGELIZACIÓN A LA MEDIDA

Como muchos de ustedes saben vengo enseñando en el Seminario a Todas las Naciones de la Iglesia Biblica Emanuel en San Isidro. A partir de esta experiencia académica he tomado conocimiento de algunos de los programas y acciones de dicha Iglesia, entre ellos el de . De esta manera he tomado concimiento de una propuesta misionera que se llama "Evangelización a la Medida" la cual viene siendo conducida por el pastor David Sevilla, encargado del ministerio de Evangelización y Misiones.

¿En qué consiste la propuesta? Básicamente se trata de identificar fechas relevantes del calendario cívico en el país asi como los públicos quienes podrían estar interesados en conmemorar dicha celebración, para lo cual se realiza un programa muy atractivo en el que se hace uso de las diferentes capacidades musicales, artísticas y profesionales en la congregación para luego culminar con un testimonio cristiano o una meditación relacionada con la fecha en mención.

De esta manera se han celebrado en este año fechas como la Fundación de Lima (18 de enero), el Dia del Amor y la Amistad (14 de febrero) y próximamente el Día Internacional de la Mujer (9 de marzo).

En tiempos como los nuestros donde los modelos de crecimiento de la Iglesia apuntan a la masificacion del discurso desde una perspectiva difusionista, me pareció muy interesante que una iglesia haya puesto en su agenda una propuesta de evangelización que parte del punto de vista del otro, del público o de la audiencia y que desde allí es capaz de "leer" o interpretar la situación desde una óptica cristiana.

Asimismo, llama mi atención que la Iglesia tome como punto de partida la realidad en la cual vivimos para luego llegar a ella con la Palabra de Dios. La mayoría de veces vemos el proceso exactamente al revés: partimos de ciertos textos favoritos o "evangelísticos" para luego tratar de aplicarlos indiscriminadamente a una audiencia que se siente sorprendida y a veces intimidada por la lejanía o agresividad del mensaje.

Termino señalando que así como en los tiempos de la Iglesia Primitiva cuando Pedro compartió el evangelio con el gentil Cornelio, hubo allí una evangelización "de ida y vuelta", es decir Cornelio fue evangelizado porque conoció de manera personal el amor y la justicia de Dios, pero también Pedro el discípulo judío cristiano del Señor fue evangelizado por la propia realidad del obrar soberano de Dios que le permitió entender que el mensaje cristiano no era sólo para los judíos sino para todas las personas. ("No llames inmundo a lo que Dios ha santificado"). De la misma manera la popuesta de "Evangelización a la medida" puede ser una excelente oportunidad para que la Iglesia Evangélica revalore la cultura peruana, la realidad nacional y reciba una nueva visión acerca de lo que Dios quiere hacer A TRAVÉS de ella en beneficio del país, pero también entienda lo que Dios quiere hacer CON ella, de modo que sea cada vez más una Iglesia sierva y al servicio del mundo, más sensible a las necesidades humanas; menos prejuiciosa y más dispuesta a la práctica real de la misericordia.